martes, 21 de julio de 2026

Seguir siendo quien soy ; repensar el concepto de autonomía personal desde la dignidad, la comunicación y el derecho a participar en la propia vida



Hay conceptos  que utilizamos con tanta frecuencia que corremos el riesgo de dejar de preguntarnos por su verdadero significado, como el uso de "autonomía personal"  en el marco de la discapacidad y la dependencia .

Desde hace años hablamos de promover la autonomía personal, de preservarla, de favorecerla y de situarla en el centro de los modelos de atención social y sanitaria. Está presente en las leyes, en los programas asistenciales, en los procesos de rehabilitación y en el discurso de todos aquellos profesionales que acompañamos a personas en diferentes momentos de su vida.

Sin embargo, quizá convenga detenernos en una pregunta esencial: ¿qué entendemos realmente por autonomía personal?

La respuesta no es una cuestión meramente conceptual. La forma en que definimos la autonomía condiciona nuestra manera de mirar a la persona, las necesidades que somos capaces de reconocer y los apoyos que consideramos necesarios. En definitiva, determina qué entendemos por cuidar y acompañar.

 Con la modificación de la Ley General de Derechos de las Personas con Discapacidad y de la Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia,  se vuelve a situar esta cuestión en el centro del debate. Más allá de las modificaciones normativas, supone una oportunidad para revisar el concepto de autonomía sobre el que hemos construido nuestros modelos de atención social y sanitaria.

Durante décadas hemos asociado la autonomía de la persona, casi de forma automática, con la independencia funcional. Hemos aprendido a valorar aquello que una persona puede hacer por sí misma: caminar, alimentarse, vestirse, desplazarse o realizar las actividades básicas de la vida diaria. Esta mirada ha permitido desarrollar sistemas de valoración, organizar recursos y mejorar la respuesta ante situaciones de dependencia. Ha supuesto un avance fundamental en la manera de comprender y atender las necesidades de muchas personas, pero quizá necesitamos ampliar esa perspectiva. La autonomía no puede reducirse únicamente a la capacidad de realizar actividades sin ayuda. La autonomía tiene que ver, sobre todo, con la posibilidad de dirigir la propia vida.

Ser autónomo no significa necesariamente no necesitar apoyos. Significa también poder comprender, elegir, expresar preferencias, mantener relaciones significativas y participar en las decisiones que afectan a la propia existencia.

Una persona puede necesitar ayuda para realizar muchas actividades cotidianas y conservar plenamente su autonomía si mantiene la posibilidad de decidir qué es importante para ella, cómo desea vivir o qué cuidados considera adecuados. Del mismo modo, una persona puede mantener una importante capacidad funcional y, sin embargo, ver limitada su autonomía si existen barreras que dificultan su participación en las decisiones sobre su propia vida.

Personalmente creo que esta diferencia de mirada no es solamente conceptual, es ética. De hecho, la bioética contemporánea ha contribuido a profundizar en esta idea, recordándonos que autonomía e independencia no son términos equivalentes. La independencia hace referencia a la capacidad de actuar sin ayuda; la autonomía hace referencia a la capacidad de orientar la propia vida conforme a los propios valores, deseos y preferencias.

Necesitar apoyo no disminuye la autonomía de una persona. Lo que puede limitarla es la ausencia de los apoyos necesarios para ejercerla.

Desde esta perspectiva, la atención centrada en la persona adquiere un significado más profundo. No consiste únicamente en adaptar recursos o individualizar intervenciones. Supone reconocer que cada persona mantiene una historia, una identidad, unos valores y un proyecto vital que deben continuar siendo respetados incluso cuando aparecen la enfermedad, la discapacidad o la necesidad de ayuda.

Las personas no somos únicamente aquello que podemos hacer. También somos aquello que hemos vivido, las relaciones que hemos construido, los recuerdos que conservamos y la historia que podemos compartir con los demás.

Paul Ricoeur planteó que la identidad humana tiene una dimensión narrativa: somos también la historia que contamos y que otros reconocen en nosotros. Cuando una persona atraviesa un proceso de enfermedad o discapacidad, esa historia no desaparece. Lo que puede verse comprometido es la posibilidad de seguir expresándola y participando en ella.

Es aquí donde la comunicación adquiere una dimensión esencial. No hablamos únicamente del lenguaje oral ni de una capacidad aislada susceptible de ser evaluada. Hablamos de algo mucho más amplio: la posibilidad de comprender y ser comprendido, de expresar necesidades, compartir emociones, transmitir deseos, mostrar desacuerdo, aceptar, rechazar, preguntar, decidir y mantener vínculos con quienes forman parte de nuestra vida.

La comunicación es una de las formas fundamentales de participación humana. A través de ella construimos relaciones, damos sentido a nuestras experiencias y hacemos presente quiénes somos. Por eso no puede ocupar un lugar secundario dentro de los procesos de atención sociales y sanitarios.

Garantizar la comunicación significa garantizar que una persona pueda seguir formando parte de las decisiones que afectan a su vida.

La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 13 de diciembre de 2006 y en vigor desde el 3 de mayo de 2008, supuso un cambio de paradigma al reconocer que las personas con discapacidad son sujetos plenos de derechos y no únicamente destinatarias de cuidados o protección.

Este enfoque implica que la sociedad debe eliminar barreras y proporcionar los apoyos necesarios para que cada persona pueda ejercer sus derechos en igualdad de condiciones.

Dentro de esos derechos, la comunicación ocupa un papel fundamental. No como una prestación complementaria, sino como una condición necesaria para ejercer otros derechos: acceder a la información, expresar consentimiento, participar en la comunidad, establecer relaciones significativas y desarrollar un proyecto de vida propio.

La Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF), publicada por la Organización Mundial de la Salud en 2001, supuso también un cambio decisivo en la forma de comprender la discapacidad. Frente a modelos centrados exclusivamente en el déficit, la CIF introduce una visión basada en la interacción entre la persona y su entorno, incorporando la actividad y la participación como elementos fundamentales del funcionamiento humano.

 Por tanto, la pregunta deja de ser únicamente qué capacidad se ha perdido. La pregunta pasa a ser qué necesita una persona para seguir participando en la comunidad y en la toma de decisiones entorno a su vida.

 Esta transformación tiene enormes implicaciones en los modelos de rehabilitación y atención socio-sanitaria. Porque la recuperación no puede entenderse únicamente como la restitución de una función aislada. La verdadera finalidad de cualquier proceso de apoyo debería   favorecer que la persona pueda continuar desarrollando su proyecto de vida en las mejores condiciones posibles.

La experiencia clínica demuestra, además, que las pérdidas más significativas para  las personas, que atendemos en nuestros servicios,  no siempre son las que aparecen reflejadas en las escalas de valoración. A menudo apuntan con dolor a  la conversación que ya no pueden mantener con un hijo o una pareja, a la dificultad para explicar un dolor, al  miedo a no comprender una información importante y a la inmensa frustración de no poder expresar una decisión o una emoción. No porque hayan dejado de pensar, no porque hayan dejado de sentir, sino porque las barreras para comunicarse pueden alejarlas de la posibilidad de comunicar y  participar.

La investigación en neurociencias y  el trabajo en la neuro-rehabilitación ha transformado profundamente nuestra comprensión sobre la capacidad de adaptación del cerebro y sobre las posibilidades de recuperación, compensación y apoyo a lo largo de la vida. Hoy sabemos que la comunicación puede adoptar múltiples formas y que proporcionar los apoyos adecuados tiene un impacto directo en la participación, el bienestar emocional y la calidad de vida de la persona a la que atendemos.

En este contexto, la nueva normativa en materia de discapacidad y dependencia representa una oportunidad para consolidar un cambio de mirada: comprender que promover la autonomía no consiste solo en compensar limitaciones funcionales, sino en crear las condiciones necesarias para que cada persona pueda seguir ejerciendo sus derechos.

Y aquí aparece una pregunta que interpela a todos los profesionales y a la sociedad en su conjunto:

¿Estamos haciendo todo lo necesario para que las personas continúen participando en las decisiones que dan forma a su propia vida?

Responder a esta pregunta exige mirar más allá de la funcionalidad. Exige reconocer que una persona no deja de ser autónoma cuando necesita ayuda.

La autonomía se ve comprometida cuando dejamos de ofrecer los medios necesarios para comprender, expresar, decidir y participar.

Porque una sociedad no demuestra su capacidad de cuidar únicamente atendiendo las necesidades físicas o funcionales de quienes requieren apoyo. También la demuestra cuando protege aquello que nos hace humanos: nuestra identidad, nuestra historia, nuestros vínculos y nuestra posibilidad de seguir formando parte de nuestra propia vida.

Eso es, en definitiva, seguir siendo  una persona autónoma.

Elena Aurrecoechea Mariscal

 


Referencias bibliográficas

Naciones Unidas (2006).
Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 13 de diciembre de 2006. Entrada en vigor el 3 de mayo de 2008.

Organización Mundial de la Salud (2001).
Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF). Ginebra: OMS.

*España. Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia.
Boletín Oficial del Estado, núm. 299, de 15 de diciembre de 2006.

España. Real Decreto Legislativo 1/2013, de 29 de noviembre.
Por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social.

Gracia, D. (1989).
Fundamentos de bioética. 
Madrid: Eudema.

 

 

miércoles, 10 de junio de 2026

Vulnerables

 

 


Desde hace tiempo  y quizá desde el lugar de la escucha y el acompañar, que me permite esta profesión, vengo pensando en la vulnerabilidad como una condición de la propia vida. Todo lo vivo es vulnerable. 

Lo son los cuerpos, expuestos a la enfermedad, al desgaste y al paso del tiempo. Lo son los vínculos, que pueden fortalecerse, transformarse o romperse. Lo son los proyectos humanos, siempre sujetos a circunstancias que no controlamos por completo, Lo son los ecosistemas que sostienen nuestra existencia, las sociedades, las personas.

Ser vulnerable significa, en cierto modo, poder ser afectado.

Nada vivo permanece completamente aislado de lo que le rodea. Vivimos expuestos al encuentro, al cambio, a la incertidumbre, a la pérdida y también a la posibilidad del cuidado, del aprendizaje y del amor. La misma apertura que nos permite disfrutar, crear o vincularnos es la que nos hace susceptibles de sufrir. y por eso me pregunto si una parte importante de nuestro malestar actual no tiene que ver con la dificultad para aceptar esta realidad.

Vivimos rodeados de ideales de autonomía, control y autosuficiencia. Aprendemos a valorar la independencia, la fortaleza y la capacidad de resolver los problemas por nosotros mismos. Son valores valiosos, si, sin embargo, a veces parecen deslizarse hacia una fantasía más difícil de sostener: la de una vida protegida de la fragilidad. Como si depender de otros fuera un signo de debilidad. Como si pedir  ayuda constituyera un fracaso. Es como si el sufrimiento fuera  algo a evitar, esconder o ahogarlo en compulsiones variopintas  y creer convertirnos en seres completamente autosuficientes. 

Sin embargo, en la vida surgen constantemente acontecimientos que no podemos prever ni controlar, que limitan nuestro cuerpo o que alejan a  las personas que amamos, circunstancias que exigen ser sostenidos por otros y momentos en los que somos nosotros quienes sostenemos y nada de esto representa una excepción a la condición humana. Y quizá ahí se encuentre una de las paradojas de nuestro tiempo, recordarnos que nunca hemos sido tan independientes como imaginábamos y que nuestra existencia siempre ha estado entrelazada con la de otros. Necesitamos ser cuidados y cuidar, dependemos de vínculos, de comunidades y de entornos que nos sostienen y precisamente ahí reside buena parte de nuestra humanidad.

A veces tengo la impresión de que dedicamos demasiada energía a intentar protegernos de nuestra fragilidad y muy poca a mirarla y comprenderla. Quizá porque la confundimos con una carencia o  la interpretamos como una amenaza que deberíamos superar. Sin embargo, cuanto más escucho y observo la vida, más me pregunto si no será al revés, si no será precisamente el reconocimiento de nuestra vulnerabilidad lo que nos permite habitar la existencia con mayor realismo, con más humildad y también con más compasión y serenidad.

 Aceptar que somos vulnerables no significa resignarse al sufrimiento ni renunciar a la autonomía. Significa reconocer que la vida nunca transcurre al margen de los límites, de la incertidumbre y de la necesidad de los demás, sino que la vida  sucede también en los cuidados, en los vínculos que sostienen cuando las fuerzas faltan, en la ternura, en la compasión, y en esa manera tan  humana que tenemos de encontrarnos precisamente allí donde más limitados nos sentimos .

                                                                            Elena Aurrecoechea Mariscal

 

lunes, 13 de abril de 2026

La pérdida progresiva de un ser querido.

 



Sostener la pérdida progresiva de un ser querido.



En el contexto de enfermedades como el Alzheimer o de otros procesos de deterioro progresivo, la pérdida no ocurre de forma súbita ni claramente delimitada, sino de manera lenta, fragmentada y continua. No hay un único momento de ruptura, sino una sucesión de pequeños cambios que van modificando la relación y la forma en que la persona es reconocida, comprendida y sentida por quienes la rodean. Esto hace que la experiencia de la pérdida no se pueda organizar de manera lineal, porque no existe un “antes y después” claro, sino una transición prolongada en la que algo esencial va cambiando sin desaparecer del todo.


En este tipo de procesos, la persona sigue presente físicamente, pero la relación va transformándose de manera profunda. Se van alterando la memoria, la comunicación, la reciprocidad emocional y, en muchos casos, aspectos fundamentales de la identidad compartida. Esto genera una vivencia interna compleja, porque el vínculo no se rompe, pero tampoco permanece intacto. Se mantiene una forma de presencia que ya no responde a la misma lógica emocional de antes, lo que obliga a una adaptación constante por parte de quienes acompañan el proceso.


Es en este tipo de situaciones donde aparece lo que se conoce como duelo ambiguo. Se trata de un proceso de adaptación emocional a una pérdida que no es completa ni definitiva, y que por tanto no puede elaborarse siguiendo las fases habituales del duelo. La dificultad central reside en que no existe un cierre claro, ni un momento de despedida que permita ordenar internamente lo que está ocurriendo. La pérdida no se anuncia como un hecho consumado, sino que se va desplegando en el tiempo, obligando a una reorganización emocional continua.


Esta falta de cierre genera una experiencia emocional especialmente compleja, caracterizada por la ambivalencia. En este tipo de duelo pueden coexistir amor, tristeza, rabia, culpa, cansancio e incluso momentos de alivio, sin que ninguna de estas emociones sea excluyente de las otras. Esta convivencia emocional no es contradictoria en sí misma, sino una respuesta coherente a una situación que también es contradictoria: la de seguir vinculándose a alguien que ya no está del mismo modo.


El impacto de esta situación no es solo emocional, sino también físico y cognitivo. Al no existir una resolución clara, el sistema emocional permanece en un estado de adaptación prolongada, como si estuviera constantemente intentando reorganizarse ante una pérdida que no termina de completarse. Esto puede generar fatiga, sensación de sobrecarga, dificultad para descansar mentalmente y una vivencia de desgaste emocional continuo que no encuentra un punto de cierre.


En muchos casos, este proceso se acompaña de una sensación de desgaste acumulado, especialmente en quienes sostienen el cuidado o el vínculo de forma prolongada. No se trata únicamente del dolor por la pérdida, sino del esfuerzo sostenido de acompañar un proceso que no se detiene, que cambia de forma constante y que exige una adaptación emocional permanente. Esto puede generar momentos de agotamiento profundo, en los que aparece la necesidad de descanso emocional, sin que ello implique falta de amor o de compromiso.


Por todo ello, en este tipo de procesos no se trata de “superar” lo vivido ni de encontrar un cierre definitivo, sino de aprender a sostener lo que se va rompiendo. Es decir, poder convivir con una realidad en la que la pérdida continúa desarrollándose, sin exigirle a la experiencia una resolución que no puede llegar. El trabajo emocional consiste en integrar la incertidumbre, aceptar la transformación del vínculo y encontrar maneras de seguir viviendo mientras ese desgaste se produce, sin que ocupe por completo el espacio interno.

Elena Aurrecoechea Mariscal



viernes, 10 de abril de 2026

El consentimiento. Vanessa Springora


 En 2020, la escritora francesa Vanessa Springora publicó El consentimiento, un libro que no solo contaba su historia personal, sino que provocó un terremoto cultural en Francia.

Springora tenía 14 años cuando inició una relación con el escritor Gabriel Matzneff, que entonces tenía alrededor de 50. Durante décadas, Matzneff no ocultó este tipo de relaciones: las escribió en diarios, novelas y entrevistas, y fue celebrado dentro de ciertos círculos literarios.

Lo más impactante del libro no es solo el relato del abuso, sino cómo lo explica. Springora describe un mecanismo que hoy conocemos como “grooming”: una forma de manipulación en la que un adulto construye en una menor la ilusión de consentimiento. No hay violencia explícita, pero sí una relación profundamente desigual, donde la víctima cree elegir algo que en realidad ha sido inducido.


El libro también señala algo más incómodo: durante años, parte del mundo intelectual francés toleró o incluso justificó este tipo de comportamientos. En los años 70, tras las revueltas de Mayo del 68, surgieron corrientes que defendían la liberación sexual y cuestionaban las normas tradicionales. En ese contexto, algunos intelectuales firmaron peticiones para revisar las leyes sobre la edad de consentimiento, argumentando que los menores podían decidir sobre su vida sexual.


Hoy esas posturas son ampliamente criticadas. El caso Springora mostró con claridad los límites de esa idea de libertad: cuando hay una diferencia de poder tan grande, no puede hablarse de consentimiento real.

Tras la publicación del libro, Matzneff perdió el apoyo editorial e institucional que había tenido durante décadas. Se abrió una investigación judicial, aunque los hechos ya habían prescrito y no pudo ser condenado.


Más allá del caso individual, El consentimiento deja una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué ocurre cuando una sociedad convierte la transgresión en un valor sin preguntarse quién paga el precio?

No es solo la historia de una víctima y un agresor. Es la historia de un sistema que permitió, justificó y silenció.

Y me surgen muchas cuestiones …. 

¿En qué otras formas, hoy, seguimos justificando lo injustificable en nombre de la cultura, la libertad o el talento?

¿Qué cosas vemos normalizadas ahora que dentro de 20 o 30 años nos parecerán inaceptables?

¿Cuántas veces el prestigio, el poder o el reconocimiento sirven como escudo frente a conductas que en otro contexto serían condenadas?

¿Y cuántas voces, como la de Denise Bombardier en su momento, son ignoradas o ridiculizadas por señalar lo evidente?


Quizá el problema no sea solo lo que hace un individuo, sino los sistemas que lo permiten, lo protegen o prefieren no mirar. Porque estos casos no aparecen de la nada. Se construyen en silencio, en complicidades pequeñas, en justificaciones intelectuales, en la incomodidad de no querer confrontar.

Y tal vez la lección más importante no sea solo mirar al pasado, sino preguntarnos con honestidad:

¿qué estamos dejando pasar hoy?

Elena Aurrecoechea Mariscal

jueves, 29 de enero de 2026

TERAPIA MIOFUNCIONAL OROFACIAL

 


¿Qué es la Terapia Miofuncional Orofacial?

La Terapia Miofuncional Orofacial (TMO) es una especialidad de la logopedia centrada en la evaluación y reeducación de los músculos de la boca y la cara, esenciales para funciones básicas como:

  • Respirar correctamente
  • Masticar y tragar de forma eficiente
  • Hablar con claridad
  • Mantener una postura oral adecuada en reposo

Desde un punto de vista científico, la TMO se basa en principios de neuroplasticidad y aprendizaje motor, que explican cómo el cerebro puede modificar y automatizar patrones musculares cuando se realizan ejercicios funcionales guiados y repetidos (Kolb & Whishaw, 1998; Kleim & Jones, 2008; Schmidt & Lee, 2011).

 ¿Qué trata la Terapia Miofuncional Orofacial?

La TMO se centra en desequilibrios musculares y funcionales que pueden afectar a:

  • Respiración: problemas para respirar por la nariz  ( Respiración oral) o  apnea obstructiva del sueño (AOS).
  • Deglución : empuje lingual al tragar ( Deglución Atípica ), dificultad para tragar ciertos alimentos o líquidos (Disfagia).
  • Trastornos del habla: alteraciones articulatorias asociadas a desajustes musculares (Disartrias).
  • Estabilidad en  la ortodoncia: prevenir recidivas dentales tras tratamientos de ortodoncia o previos.
  • Ronquidos y sueño: mejorar la función de la vía aérea y la postura oral en adultos.

En  TMO el logopeda especializado trabaja de forma personalizada, evaluando  estructura, posición, tono, fuerza, movilidad, coordinación  y función del sistema orofacial y respiratorio. El objetivo de la valoración es detectar qué músculos no trabajan bien y que funciones están alteradas y determinar el plan de intervención más adecuado y seguro. Así mismo se realiza un seguimiento continuo del plan de intervención, ajustando los ejercicios y motivando a la práctica diaria. En los casos necesarios se trabaja con la familia para apoyar la terapia diaria del niño o del adulto. El objetivo es mejorar la función muscular  oral de manera estable en el tiempo, contribuyendo a la salud y la calidad de vida.

La TMO es un tratamiento basado en evidencia científica, respaldado por estudios clínicos y revisiones sistemáticas  que evidencian mejoras reales y medibles en el sistema muscular orofacial y patrón respiratorio. Estos estudios muestran que, en un alto porcentaje de los casos,  se adquiere un patrón muscular orofacial y respiratorio con mejora funcional  y duradera que impacta positivamente en la salud de la persona tanto en la infancia como en la edad adulta.

Un alto porcentaje de los artículos revisados reportan beneficios clínicos significativos en cuanto a la reeducación muscular velofaringea, sellado labial y posición lingual. La TMO no solo modifica patrones musculares, sino que favorece funciones básicas de la vida diaria y con estabilidad en el tiempo. 

En respiradores bucales, la literatura científica respalda que la Terapia Miofuncional Oral, combinada con ortopedia u ortodoncia,  facilita el desarrollo del tono bucofacial y la reeducación funcional del sistema estomatognático, lo que se traduce en una mejor función respiratoria, deglución eficaz y equilibrio en la mordida, favoreciendo el adecuado desarrollo facial y funcional del individuo.

Además de su impacto en funciones orofaciales, la Terapia Miofuncional Orofacial ha sido estudiada ampliamente en pacientes con Apnea Obstructiva del Sueño (AOS) y cuenta con evidencia científica que respalda su eficacia como intervención complementaria no invasiva, comparados con terapias sin esta intervención. Reduce el índice de apnea-hipopnea (IAH), mejora la calidad del sueño, la saturación de oxígeno mínima y  la severidad de la AOS, mejorando  los síntomas de somnolencia y  calidad de vida del paciente. Estos estudios consolidan a la TMO como una herramienta clínica válida dentro del enfoque terapéutico de la Apnea Obstructiva del Sueño.

 

Teniendo en cuenta lo expuesto, cabe concluir que ante la presencia de respiración bucal, deglución atípica, alteraciones del habla, ronquidos, fatiga al despertar, somnolencia diurna, tratamientos de ortodoncia o dificultades funcionales orales, es importante consultar con el logopeda que trabaje TOM para valoración y abordaje conjunto con otros especialistas médicos. La intervención temprana, personalizada y basada en la evidencia científica no solo mejora funciones concretas, sino que acompaña a la persona en el proceso de recuperación funcional y bienestar.

Elena Aurrecoechea Mariscal

 

Referencias para consultar

Navas Mejía, J. E., Romero Fernández, A. J., & Salame Ortiz, V. A. (2025).
Terapia miofuncional: perspectiva integral en el sistema estomatognático.
Revista Sanitas
.
https://www.revistasinstitutoperspectivasglobales.org/index.php/sanitas/article/download/823/1596

Resumen:
Revisión bibliográfica de 29 estudios recientes. El 89,7 % reporta beneficios clínicos en reeducación muscular, postura lingual, sellado labial, deglución y fonación. El 83,3 % observa mejores resultados cuando se combina con ortodoncia u ortopedia durante al menos 7 meses.

Casadiego, W., Sanabria, M., Zerpa, N., Quirós, O., & Flores, Y. (2020).
Terapia miofuncional en pacientes respiradores bucales. Revisión bibliográfica.
Ortodoncia.ws.

https://www.ortodoncia.ws/publicaciones/2020/art-12/

Resumen:
Concluye que la TMO restaura el tono muscular bucofacial, mejora la respiración nasal, la función deglutoria y la postura orofacial, previniendo alteraciones estructurales asociadas a la respiración bucal crónica.

Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología (2025).
Efecto de la terapia miofuncional orofacial en la apnea obstructiva del sueño: revisión sistemática.

Resumen:
Análisis de estudios entre 2006–2023. Mejora en severidad de AOS, perímetro cervical, somnolencia y calidad de vida.

 

Osorio Viarengo, N., & Blake, M. G.
Terapia miofuncional orofacial como alternativa al CPAP para tratamiento en SAOS.
Revista Fonoaudiología
.

Resumen:
Mejoría significativa en calidad de vida y parámetros clínicos mediante fortalecimiento de musculatura orofaríngea.

 

 

 

 

martes, 27 de enero de 2026

“La vida solo puede ser comprendida hacia atrás; pero debe ser vivida hacia adelante.” Søren Kierkegaard

A veces, la vida nos golpea con situaciones que no esperábamos, decisiones ajenas que nos afectan, o momentos de tristeza que nos descolocan. En esos instantes, todo parece caótico y nos preguntamos: ¿por qué a mí? ¿por qué ahora? Lo que descubrimos, con el tiempo, es que cada experiencia tiene su lugar en nuestra historia. Todo lo que sentimos —alegría, pena, incertidumbre— forma parte de un entramado que solo mirando atrás podemos empezar a comprender. Y aun así, aunque lo entendamos después, la vida sigue adelante, y nos toca vivirla, paso a paso, con todo lo que trae. Dar sentido a lo que nos ocurre no significa encontrar respuestas fáciles ni que todo sea justo. Significa reconocer lo que sentimos, aprender de ello y decidir cómo seguir caminando. Incluso las dificultades, las pérdidas o los errores, pueden enseñarnos algo valioso sobre nosotros mismos, sobre lo que amamos y sobre lo que queremos para nuestro futuro. No podemos controlar todo ni evitar que duela. Pero sí podemos decidir cómo nos acompañamos en medio del dolor, cómo nos sostenemos a nosotros mismos y cómo seguimos adelante sin perder nuestra autenticidad. La vida no es lineal ni perfecta. Tiene curvas, aristas, momentos de claridad y momentos de confusión. Y aun así, vale la pena vivirla plenamente, con el corazón abierto y los ojos atentos, aprendiendo de cada experiencia y confiando en que, con el tiempo, todo cobra sentido. Elena Aurrecoechea Mariscal

jueves, 18 de diciembre de 2025

Disfagia, alteraciones orofaciales y salud oral: una relación clínica frecuentemente olvidada; el papel del logopeda en el ámbito sociosanitario.






En el ámbito de la geriatría, la neurología y la atención residencial, la disfagia y las enfermedades periodontales suelen abordarse como problemas independientes. Sin embargo, en la práctica clínica cotidiana, especialmente en personas mayores y en pacientes con enfermedades neurodegenerativas, ambas realidades aparecen estrechamente vinculadas.

Desde mi  experiencia en la atención clínica en esta población, me encuentro con una alta frecuencia: pacientes con disfagia  que presentan  un deterioro progresivo de la salud oral, manifestado en gingivitis persistente, enfermedad periodontal, halitosis, dolor oral y dificultad creciente para una alimentación adaptada y segura. Este fenómeno no responde a una única causa, sino a una suma de factores funcionales, neuromusculares y organizativos que conviene analizar.

Creo que se hace necesario visibilizar esta relación, describir sus mecanismos y subrayar la importancia de la higiene oral como parte esencial del abordaje de la disfagia, sin plantear relaciones causales directas, sino relaciones bidireccionales y contribuciones clínicas e inflamatorias  observadas.



Relación entre disfagia y salud oral

La disfagia implica una alteración de la función orofaringea que afecta no solo al acto de tragar, sino también a la masticación, la sensibilidad oral, el control lingual, la salivación y la coordinación neuromuscular.

Estas alteraciones se contemplan, además, dentro de  un contexto funcional que favorece el deterioro de la salud oral:
- Alteración masticatoria y menor autolimpieza fisiológica
- Pérdida dentaria parcial o total
- Uso inadecuado o retirada prolongada de prótesis dentales
- Disminución de saliva (hiposalivación) o exceso de salivación mal gestionada
- Hipotonía, rigidez o descoordinación orofacial
- Dificultad para realizar higiene oral autónoma
- Dependencia de cuidadores con escasa formación específica
- Evitación de la higiene profunda por miedo a aspiraciones

Todo ello conduce a una mayor carga bacteriana oral, inflamación gingival persistente y progresión de patología periodontal.


La higiene oral en pacientes con disfagia: un punto crítico

En pacientes con disfagia, la higiene oral suele verse comprometida por múltiples motivos: miedo del cuidador a provocar atragantamientos, rechazo del paciente, limitación de apertura bucal, hipersensibilidad oral o falta de pautas claras en el entorno residencial.

Como consecuencia, la higiene se vuelve superficial o irregular, favoreciendo la acumulación de placa bacteriana, restos alimentarios y secreciones.

Conviene insistir en que la higiene oral no es un aspecto estético, sino una intervención funcional, preventiva y de salud global. En pacientes con disfagia, una boca mal cuidada no solo empeora la deglución, sino que incrementa el riesgo de inflamación crónica y de complicaciones infecciosas.

Una valoración oral básica debería formar parte del abordaje habitual de cualquier paciente con disfagia. No sustituye a la valoración odontológica, pero permite detectar riesgos y decidir derivaciones.

Aspectos mínimos a observar:

- Estado de las encías: enrojecimiento, inflamación, sangrado
- Presencia de placa bacteriana o restos alimentarios
- Movilidad dentaria o dolor
- Estado de las prótesis: ajuste, uso real o retirada prolongada
- Cantidad y calidad de saliva
- Dolor oral referido o conductual
- Apertura bucal y tolerancia al contacto
- Tono, movilidad y coordinación lingual, labial y mandibular
- Capacidad de colaboración del paciente

Esta evaluación permite identificar situaciones de riesgo que a menudo pasan desapercibidas en la rutina asistencial y que han de atenderse. La salud oral requiere un trabajo interdisciplinar real, especialmente en población dependiente. Las medidas deben adaptarse a la capacidad funcional del paciente:


- Higiene oral diaria supervisada
- Cepillado adaptado (manual o eléctrico según tolerancia)
- Limpieza lingual regular
- Hidratación oral adecuada
- Uso prudente de colutorios
- Retirada, limpieza y correcto almacenamiento de prótesis
- Higiene antes y después de las comidas
- Adaptación postural durante la higiene
- Ritmo lento, seguro y respetuoso

La higiene oral puede y debe integrarse como parte del trabajo terapéutico, no solo como una tarea asistencial. En este contexto, el papel del logopeda en centros sociosanitarios y residencias resulta fundamental, y sin embargo continúa siendo insuficientemente reconocido e incorporado de forma estructural.

El logopeda no interviene únicamente cuando existe una patología claramente establecida. Su trabajo abarca la prevención, la observación precoz, el abordaje funcional y la educación de los cuidados en personas mayores y dependientes, incluso antes de que aparezca una disfagia manifiesta.

La presencia del logopeda permite integrar la función orofacial, la deglución, la higiene oral y la formación a cuidadores dentro de un abordaje coherente y preventivo, evitando que estos aspectos queden relegados o se atiendan únicamente cuando ya existe una complicación.

 Clínica por patologías

- Parkinson: bradicinesia, rigidez, alteración de la salivación y dificultad para la higiene autónoma.
- Alzheimer y otras demencias: pérdida de iniciativa, rechazo y dependencia total.
- ELA: debilidad progresiva y pérdida de autonomía para la higiene oral.
- Ictus: asimetrías, alteraciones sensitivas y masticación unilateral.

En todas estas situaciones se observa una mayor prevalencia y gravedad de patología periodontal asociada.

La combinación de disfagia y mala salud oral incrementa la carga bacteriana orofaríngea, favoreciendo procesos inflamatorios locales y sistémicos. Sin establecer una relación causal directa, sí se reconoce su contribución al riesgo de aspiración bacteriana, neumonía aspirativa y deterioro del estado general.

La disfagia y la salud oral no pueden abordarse por separado. Las alteraciones orofaciales generan un contexto que favorece el deterioro periodontal, y este impacta directamente en la función, la salud y la calidad de vida.

La atención a la persona mayor y al paciente neurológico no puede limitarse a responder a la patología cuando esta ya está instaurada. En los centros residenciales, la dependencia y el envejecimiento conllevan cambios funcionales progresivos que requieren una intervención especializada y continuada.

Incorporar al logopeda de forma estable en los equipos sociosanitarios no es una opción, sino una necesidad clínica, para abordar la función orofacial, la disfagia, la salud oral y la prevención de complicaciones. No estar presentes implica dejar sin atender procesos que afectan directamente a la dignidad y al bienestar de las personas.

                                                                                Elena Aurrecoechea Mariscal



BIBLIOGRAFIA

Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).

Salud bucodental en las personas mayores.

https://www.segg.es

Documento divulgativo y clínico que aborda el estado de la salud oral en personas mayores, las dificultades de higiene en situación de dependencia y la relación entre deterioro funcional, institucionalización y patología bucodental.


Consejo General de Dentistas de España.

Guía de salud bucodental en personas mayores y pacientes dependientes.

https://www.consejodentistas.es

Guía práctica centrada en la higiene oral en personas mayores, pacientes dependientes y residentes en centros sociosanitarios. Describe problemas frecuentes como gingivitis, periodontitis, uso de prótesis y dificultades para la higiene diaria.


Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Documento de consenso sobre la atención a las personas mayores en situación de dependencia.

https://www.sanidad.gob.es

Documento marco que incluye aspectos relacionados con la atención integral en personas dependientes, señalando la importancia de la higiene, la prevención de complicaciones y la coordinación entre profesionales en el ámbito sociosanitario.


Sociedad Española de Logopedia, Foniatría y Audiología (AELFA-IF).

Intervención logopédica en la disfagia orofaríngea.

https://www.aelfa.org

Documento técnico que aborda la evaluación e intervención en disfagia orofaríngea, incluyendo aspectos funcionales del sistema orofacial y la necesidad de medidas de cuidado e higiene oral en estos pacientes.


Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA).

Enfermedad periodontal y salud general.

https://www.sepa.es

Publicaciones divulgativas y científicas en español que describen la enfermedad periodontal, la inflamación oral crónica y su impacto en la salud general, especialmente en población adulta y mayor.


SEGG & SEPA (colaboraciones y artículos divulgativos).

Salud oral en residencias y centros sociosanitarios.

https://www.segg.es

https://www.sepa.es





Seguir siendo quien soy ; repensar el concepto de autonomía personal desde la dignidad, la comunicación y el derecho a participar en la propia vida

Hay conceptos  que utilizamos con tanta frecuencia que corremos el riesgo de dejar de preguntarnos por su verdadero significado, como el u...