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miércoles, 9 de septiembre de 2026

Lo que el Informe PISA nos está mostrando.




Estos días volvemos a hablar de PISA, de posiciones, de puntos que suben o bajan, de comunidades que están mejor o peor, de titulares que anuncian una nueva caída de los resultados educativos y, probablemente, muchos de nosotros tengamos una opinión formada sobre lo que ocurre. O quizá creamos tenerla.

Pero ¿qué es exactamente PISA y qué nos está diciendo realmente cuando señala que nuestros adolescentes tienen más dificultades en matemáticas, comprenden peor lo que leen o encuentran más dificultades para resolver determinados problemas?

PISA es una evaluación internacional que realiza la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) con estudiantes de 15-16 años , que pretende conocer hasta qué punto, nuestros adolescentes, pueden utilizar lo que han aprendido para comprender, razonar y enfrentarse a situaciones que van más allá de repetir unos contenidos aprendidos en clase.

Por tanto, cuando miramos los resultados de este informe no estamos mirando cuánto saben o cuánto recuerdan nuestros alumnos. Estamos evaluando, sobre todo, qué son capaces de hacer con aquello que saben.

Y sí, los datos de 2025 no son buenos.

España obtiene 457 puntos en matemáticas, 451 en lectura y 477 en ciencias. Son resultados inferiores a los de 2022 y sitúan a España por debajo de la media de la OCDE en las tres competencias. En matemáticas y lectura son, además, los resultados más bajos de la histria española, desde que se realiza este informe.

Pero quizá lo más inquietante no sea el puesto que ocupamos, que también lo es, ni siquiera la comparación con otros países. Lo verdaderamente preocupante es que aumenta el número de adolescentes que no alcanza el nivel básico de competencia.

Y es aquí donde urge reflexionar.

Porque probablemente estemos ante un conjunto de variables y no ante una única explicación. Lo que no parece razonable, desde mi punto de vista, es convertir ninguna de ellas en una explicación completa.

Podemos hablar de las pantallas, de las redes sociales, de los cambios en los hábitos de lectura, de la atención, de la motivación, de la pandemia, de las familias, de las desigualdades socioeconómicas, de los profesores, de los recursos de los centros, de la diversidad que encontramos hoy en las aulas… Y seguramente haya elementos de verdad en muchas de estas cuestiones.

Se  está poniendo énfasis en el tema de pantallas , pero quizá el debate no debería plantearse simplemente en términos de pantalla sí o pantalla no.  Lo cierto es que no es lo mismo utilizar una tecnología para aprender, crear, investigar o comunicarse que pasar horas saltando de un contenido a otro, con estímulos constantes y poca capacidad para sostener la atención sobre una misma tarea. No es solamente la herramienta, sino el uso que hacemos de ella y las dinámicas que genera.Y esto ocurre en una etapa en la que los adolescentes todavía están desarrollando capacidades relacionadas con la regulación de la atención, la planificación, el control de los impulsos o la capacidad para sostener el esfuerzo cuando la recompensa no es inmediata. Por eso, reducir el problema a cuánto tiempo pasan delante de una pantalla probablemente sea tan insuficiente como pensar que las pantallas no tienen ninguna influencia sobre la manera en que viven, aprenden y se relacionan.

Pero incluso esto sería insuficiente para explicar los resultados.

En España han cambiado las características del alumnado, han aumentado determinadas necesidades educativas, la diversidad dentro de las aulas es mayor y los propios centros señalan dificultades relacionadas con la falta de profesorado y, especialmente, de personal de apoyo especializado. También encontramos cambios en el  entorno de las aulas y en algunos indicadores relacionados con la implicación familiar.

Sabemos, además, que las condiciones socioeconómicas están relacionadas con el rendimiento educativo. Las oportunidades para aprender no son exactamente las mismas para todos los niños y adolescentes, aunque el contexto tampoco determina por sí solo el resultado de cada alumno.

Y sí, la pandemia interrumpió aprendizajes, alteró rutinas, modificó las relaciones sociales y dejó efectos que todavía estamos intentando comprender. Pero tampoco explica por sí sola lo que estamos viendo. Algunas de las tendencias de deterioro ya estaban presentes antes de 2020.

PISA nos está mostrando, por tanto, el resultado final de muchas cosas que ocurren simultáneamente.

Una sociedad que ha cambiado y sigue cambiando a mucha velocidad. Una infancia y una adolescencia diferentes. Nuevas formas de relacionarnos con la información. Nuevas tecnologías. Nuevas necesidades educativas. Nuevas desigualdades. Nuevas dificultades dentro de las aulas. Familias que también viven bajo unas condiciones laborales y sociales diferentes. Profesores que tienen que responder a una diversidad cada vez mayor. Y un sistema educativo que intenta adaptarse a todo ello mientras, al mismo tiempo, se le exige que mantenga unos resultados.

Quizá el problema sea que todavía no hemos terminado de descubrir cómo acompañar educativamente ese cambio.

Y eso no significa que tengamos que renunciar a lo que sabemos que funciona y a lo que sabemos que no funciona. Precisamente porque el mundo ha cambiado, quizá tengamos que volver a poner en el centro algunas cosas que nunca han dejado de ser importantes: leer despacio, comprender antes de responder, escribir, memorizar, razonar, resolver problemas, conversar, escuchar, sostener la atención, tolerar la frustración de no saber algo todavía y experimentar la satisfacción de conseguirlo después de haberlo intentado.

No se trata de volver al pasado, sino de poder vivir mejor el presente.

Desde mi punto de vista, y como pedagoga, los resultados de PISA no son solamente una fotografía de lo que nuestros adolescentes están aprendiendo en las aulas. Son también una fotografía de la sociedad que estamos construyendo.

Y, por tanto, deberíamos preguntarnos

:

¿Qué ha cambiado en la manera en que nuestros niños y adolescentes viven, aprenden, se relacionan y piensan?

Y, sobre todo:

¿Estamos sabiendo acompañar ese cambio?

Elena Aurrecoechea Mariscal

  

martes, 8 de septiembre de 2026

Una dificultad, un niño, una histora

 

Cuando algo en el desarrollo de un niño preocupa a su familia, es frecuente que la mirada se dirija rápidamente hacia aquello que no está ocurriendo como esperábamos. No habla todavía, le cuesta aprender, se distrae con facilidad, no consigue hacer determinadas cosas de manera autónoma, tiene dificultades para relacionarse o parece necesitar más tiempo que otros niños. La preocupación busca respuestas y, con ella, aparecen comparaciones, preguntas y, en ocasiones, la necesidad de encontrar cuanto antes una explicación. Es comprensible. Cuando algo nos preocupa, queremos saber qué ocurre y, sobre todo, qué podemos hacer para ayudar. Sin embargo, quizá antes de preguntarnos qué dificultad presenta un niño deberíamos detenernos un momento en otra pregunta: ¿cómo estamos mirando a ese niño?

 Una misma conducta puede adquirir significados diferentes cuando dejamos de observar únicamente lo que falta y empezamos a mirar al niño en su conjunto. Detrás de una dificultad para aprender puede haber muchas realidades distintas; detrás de una dificultad para comunicarse, también. Hay niños que necesitan más tiempo, otros que necesitan una forma diferente de acercarse a una tarea, algunos que requieren determinados apoyos y otros cuya dificultad puede estar relacionada con circunstancias que no son tan visibles a primera vista. Por eso,  comprender debería preceder a intervenir.

A lo largo del desarrollo infantil las habilidades no aparecen de manera aislada. El lenguaje se relaciona con la comunicación, pero también con la interacción, con la comprensión y con la posibilidad de participar en el entorno. El aprendizaje está relacionado con las capacidades cognitivas, pero también con la atención, la motivación, la seguridad y las experiencias que el niño ha tenido. La autonomía no depende únicamente de saber hacer algo, sino también de las oportunidades que hemos ofrecido para intentarlo. El desarrollo es un tejido  en la que unas capacidades se apoyan en otras y en la que el contexto también forma parte de la historia.

Por eso, cuando un niño llega a consulta, para mí es importante no empezar por la dificultad, sino por la persona. Observar cómo se relaciona, qué le interesa, cómo responde ante aquello que le proponemos, qué estrategias utiliza espontáneamente, qué consigue hacer sin ayuda y en qué situaciones aparecen mayores dificultades. Escuchar a su familia. Conocer su historia. Preguntarnos qué hay detrás de aquello que estamos observando antes de apresurarnos a ponerle un nombre.

No trabajamos con dificultades; trabajamos con niños que presentan dificultades. Y esa diferencia, que puede parecer solamente una cuestión de palabras, cambia profundamente la mirada.

Cuando ponemos el foco exclusivamente en aquello que un niño todavía no hace, existe el riesgo de que esa dificultad termine ocupando demasiado espacio. Puede convertirse en la forma en la que lo describimos, en aquello que esperamos de él e incluso en el modo en que él empieza a percibirse a sí mismo. Sin darnos cuenta, podemos terminar viendo antes lo que necesita mejorar que aquello que ya está construyendo.

Mirar al niño antes que a la dificultad no significa minimizar aquello que preocupa ni esperar indefinidamente a que las cosas cambien por sí solas. Tampoco significa que todas las diferencias formen parte de una evolución normal. Significa, quizá, concedernos el tiempo necesario para observar, comprender y ajustar nuestra respuesta a ese niño concreto. Porque intervenir no debería consistir en aplicar una respuesta previamente establecida, sino en encontrar la manera de acompañar mejor a quien tenemos delante.

Y en ese acompañamiento la familia ocupa un lugar esencial. A veces llegan buscando una respuesta muy concreta y encuentran que antes necesitamos hacernos algunas preguntas. No porque no queramos dar respuestas, sino porque una buena orientación comienza muchas veces por comprender qué está sucediendo. Pequeños cambios en la manera de comunicarnos, de organizar una rutina, de presentar una actividad o de interpretar una conducta pueden modificar la experiencia cotidiana de un niño y también la de quienes le acompañan.

Quizá por eso una parte importante de mi trabajo no consiste solamente en intervenir con el niño, sino también en ayudar a las familias a mirar de otra manera. A descubrir posibilidades donde antes solo veían dificultades, a comprender que avanzar no siempre significa hacerlo al mismo ritmo que los demás y a reconocer que acompañar el desarrollo también implica saber observar, esperar, ajustar y volver a intentarlo.

Cada niño tiene su propio recorrido. No se trata de comparar  ni de ignorar aquello que necesita atención, sino de encontrar la manera de ofrecer a cada uno las condiciones que le permitan seguir avanzando. Porque antes de cualquier dificultad hay un niño que está aprendiendo, descubriendo, relacionándose y construyendo su propia manera de estar en el mundo.

Y  ahí comienza cualquier intervención: ser capaces de mirar al niño antes que a aquello que nos preocupa de él.

Elena Aurrecoechea Mariscal

miércoles, 16 de julio de 2025

La logopedia: una cuestión de salud

 



La logopedia: una cuestión de salud

La logopedia es una disciplina sanitaria orientada a favorecer el bienestar integral de las personas a lo largo de toda su vida. Va mucho más allá de enseñar a hablar correctamente: trabaja sobre procesos neurológicos, fisiológicos, cognitivos y emocionales relacionados con la comunicación, el lenguaje, la voz, la audición, la deglución y la socialización.

Sin embargo, su reconocimiento dentro del sistema sanitario sigue siendo limitado, a pesar de la sólida evidencia científica que respalda su impacto positivo en la salud global.

Logopedia en la etapa neonatal

La intervención logopédica puede comenzar incluso antes del primer llanto. En las unidades neonatales, especialmente en bebés prematuros o con patologías congénitas, el logopeda evalúa y estimula funciones esenciales como la succión, la deglución y la coordinación oro-facial necesarias para la alimentación.

Pensemos en un bebé de semanas que no puede alimentarse por vía oral. Gracias a la intervención logopédica especializada, aprende a coordinar los movimientos de succión-deglución-respiración, reduciendo el riesgo de broncoaspiración, favoreciendo la nutrición y fortaleciendo el vínculo afectivo con su madre durante la alimentación.

Además, el logopeda acompaña también a las familias en estos primeros momentos, ayudándoles a comunicarse con sus bebés y a mantener el vínculo emocional, incluso en contextos hospitalarios hostiles.

Primera infancia: lenguaje, apego y desarrollo

En los primeros años de vida, el desarrollo del lenguaje es un marcador clave del neurodesarrollo. Las alteraciones en la adquisición del lenguaje oral y/o escrito pueden ser indicadoras de trastornos como el TDAH, los trastornos del espectro autista, los trastornos específicos del lenguaje, de la lectoescritura o del aprendizaje.

Estudios como los de Ortega et al. (2020) subrayan que una detección e intervención logopédica temprana mejora significativamente el pronóstico funcional, emocional y social del niño. Sin embargo, en la mayoría del territorio español, los logopedas siguen sin formar parte de los equipos públicos de pediatría ni de atención temprana hospitalaria.

En el entorno escolar: mucho más que rendimiento académico

Durante la etapa escolar, los problemas de comunicación afectan directamente al aprendizaje, la autoestima y la inclusión social. Dificultades en la comprensión lectora, en la expresión oral o escrita o en el uso social del lenguaje pueden condicionar de forma severa la trayectoria educativa y emocional de un niño.

Por ello, desde hace años, entidades como el Consejo General de Colegios de Logopedas (CGCL) y el Colegio Oficial de Logopedas del País Vasco (CLPV) reivindican la incorporación estable del logopeda en los centros escolares públicos. No se trata solo de atender al alumnado con necesidades específicas, sino de ofrecer una herramienta preventiva e inclusiva para toda la comunidad educativa.

En la adolescencia: identidad, expresión y salud mental

Durante la adolescencia, la comunicación se vuelve un eje crucial de la construcción de la identidad. Dificultades no tratadas en etapas anteriores pueden agravarse, afectando la expresión emocional, la participación social o incluso la salud mental. El logopeda también puede acompañar estos procesos, trabajando en habilidades conversacionales, voz, lectura, escritura o apoyo emocional vinculado a la autoimagen y la comunicación.

En el ámbito clínico: dignidad, autonomía y calidad de vida

En personas adultas y mayores con patologías neurológicas (ictus, traumatismos craneoencefálicos, ELA, Parkinson, Alzheimer...), la logopedia es clave para preservar funciones vitales como la alimentación, la comunicación o el habla.

El Institut Guttmann (2019) reconoce la intervención logopédica como esencial en la rehabilitación neurológica. En casos como la ELA, permite mantener por más tiempo la capacidad comunicativa y la seguridad al alimentarse, lo que tiene un impacto directo en la calidad de vida y la dignidad de la persona.

En enfermedades degenerativas como el Alzheimer, el trabajo del logopeda ayuda a ralentizar el deterioro del lenguaje, mantener conexiones emocionales con el entorno y favorecer la interacción social, todo ello desde una mirada centrada en la persona.

Logopedia en cuidados paliativos: cuando la palabra es lo último que queda

En contextos de final de vida, el logopeda acompaña para preservar la comunicación significativa en sus múltiples formas: una palabra, un gesto, una mirada, una elección. También colabora para mantener la capacidad de alimentarse, adaptando texturas y formas de ingesta para garantizar el confort y la autonomía hasta donde sea posible.

Escuchar un “te quiero”, elegir si beber un sorbo de agua o simplemente poder decir adiós... son gestos profundamente humanos que la logopedia puede sostener cuando otras funciones se apagan.


Una disciplina al servicio de la vida

Etapa de la vida

Intervención logopédica

Neonatal y primera infancia

Estimulación de la comunicación, alimentación segura, desarrollo del vínculo. Trastornos del desarrollo,  parálisis cerebral, síndromes y otras enfermedades raras

Edad escolar

Prevención del fracaso escolar, inclusión, comunicación, comprensión lectora, lenguaje, deglución ,voz

Adolescencia

Voz, dificultades de aprendizaje, apoyo emocional y social.

Edad adulta

Rehabilitación tras ictus o daño cerebral adquirido , afasias, disartria, disfagia, voz , enfermedades con afectación de la comunicación, deglución, voz.

Tercera edad

Disfagia, enfermedades neurodegenerativas, intervención paliativa.


A pesar de toda esta evidencia, la logopedia sigue teniendo escasa representación en el sistema sanitario público y en los centros de atención sociosanitaria. En la práctica, muchas familias deben recurrir a servicios privados para acceder a una atención que debería estar garantizada, lo que genera desigualdad y exclusión.

La logopedia es salud, es prevención, es dignidad. Su inclusión plena en el sistema sanitario, socio sanitario y educativo  noes solo una cuestión de justicia, sino una inversión en bienestar, autonomía y sostenibilidad social.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha subrayado el papel esencial de los profesionales de la logopedia en la prevención y rehabilitación en un mundo donde el envejecimiento y las enfermedades crónicas irán en aumento.

Es por todo lo expuesto la necesidad urgente que reclamamos los profesionales de la logopedia de reconocer su valor y garantizar que todas las personas —desde el nacimiento hasta el final de la vida— tengan acceso a una atención logopédica de calidad, universal y centrada en la persona.

 

Elena Aurrecoechea Mariscal

Logopeda colegiada 480039

 

miércoles, 26 de marzo de 2025

Patología del lenguaje en la infancia y su abordaje terapéutico.



El desarrollo del lenguaje en la infancia es un proceso fundamental para la comunicación, el aprendizaje y la socialización. Sin embargo, algunos niños pueden presentar dificultades que afectan a  su comprensión, expresión y uso del lenguaje. Estas alteraciones, conocidas como patologías del lenguaje, requieren una intervención especializada para favorecer su evolución y evitar repercusiones en el desarrollo general  del niño, tanto social, emocional como escolar.

Es importante diferenciar entre un retardo evolutivo del lenguaje y un trastorno del lenguaje.

  • El retardo evolutivo del lenguaje hace referencia a una adquisición del lenguaje más lenta respecto a los niños de la misma edad, pero con una evolución favorable a medida que el niño se desarrolla. Con estimulación adecuada, el niño logra alcanzar un desarrollo lingüístico acorde a su edad.

 

  • Un trastorno del lenguaje es una dificultad persistente en la adquisición y uso del lenguaje que afecta la capacidad del niño para comunicarse de manera efectiva. Puede manifestarse en problemas para comprender lo que se le dice, para expresarse con palabras o para estructurar frases de manera adecuada a su edad. Estos trastornos no están causados por una falta de estimulación, sino por dificultades en el desarrollo, que requieren intervención especializada para mejorar la comunicación y evitar posibles repercusiones en el aprendizaje, la socialización y  en el bienestar emocional del pequeño. Según las principales clasificaciones diagnósticas internacionales, los trastornos del lenguaje pueden categorizarse de la siguiente manera:

Clasificación según el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ª  edición)

1.Trastorno del Lenguaje: Dificultad persistente en la adquisición y uso del lenguaje en sus diferentes formas (oral, escrito, gestual) debido a deficiencias en la comprensión o producción del lenguaje.

2.Trastorno de la Comunicación Social (Pragmático): Dificultades en el uso social del lenguaje y la comunicación, afectando la capacidad de mantener conversaciones, comprender normas conversacionales y adaptar el lenguaje al contexto.

3.Trastorno Fonológico: Problemas en la producción de sonidos del habla que afectan la inteligibilidad, sin una causa médica o neurológica evidente.

4.Trastorno de la Fluidez (Tartamudeo) de Inicio en la Infancia: Alteraciones en la fluidez y ritmo del habla, con repeticiones, bloqueos o prolongaciones de sonidos y sílabas.

Clasificación según la CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades, 11ª edición)

1. Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (6A01): Afecta la adquisición y desarrollo del lenguaje en sus distintas dimensiones sin otra condición neurológica o sensorial que lo explique.

2. Trastorno del Lenguaje Asociado a una Condición Médica o Neurológica (6A02): Trastorno del lenguaje debido a afecciones neurológicas, déficits sensoriales o síndromes genéticos (ej., síndrome de Down).

3. Trastorno del Habla y la Articulación (6A03): Dificultades persistentes en la articulación de los sonidos del habla.

4. Trastorno de la Fluidez del Habla (6A04): Se corresponde con la tartamudez o disfemia.

5. Trastorno de la Comunicación Social (6A05): Dificultades para utilizar el lenguaje en contextos sociales, con problemas en la coherencia conversacional y la adecuación pragmática del lenguaje.

Cuanto antes se detecten las dificultades del lenguaje, mayores serán las posibilidades de intervención y éxito en la terapia. Si notas que tu hijo tiene dificultades para hablar, comprender instrucciones o formar frases adecuadas para su edad, es fundamental acudir a un logopeda para una valoración profesional.

El logopeda es un profesional sanitario especializado en la evaluación, diagnóstico y tratamiento de cualquier alteración en la comunicación. Su labor es esencial para ayudar a los niños a desarrollar habilidades lingüísticas adecuadas, favoreciendo su integración escolar y social y por tanto un adecuado desarrollo global.

El logopeda, en su consulta, recoge toda la historia sobre el desarrollo del pequeño desde la gestación hasta la fecha y realiza un análisis clínico que puede complementar con  pruebas diagnósticas, si lo considera necesario y diseña programas terapéuticos personalizados adaptados a la edad y las dificultades del niño.

Además, trabaja en estrecha colaboración con la familia y el entorno educativo del niño para garantizar un abordaje integral y coherente con sus necesidades.

La Terapia del Lenguaje

Es importante que las familias comprendan que la terapia del lenguaje no es una actividad extraescolar, sino un tratamiento que necesita continuidad y compromiso. La interrupción de la terapia, especialmente durante periodos vacacionales, puede generar retrocesos en los avances logrados, afectando el proceso de aprendizaje y la comunicación del niño. Para evitar estos retrocesos, se recomienda:

·       Favorecer un entorno de comunicación y confianza con el profesional.

·        Mantener una asistencia regular a las sesiones.

· Seguir las indicaciones del profesional en casa con actividades complementarias.

Cada niño presenta necesidades individuales y la duración del proceso terapéutico es largo, pero de manera general los tiempos de intervención pueden ser:

·   Casos leves (dificultades fonológicas o leves retrasos en el lenguaje): sesiones de 1 a 2 veces por semana durante 6 -12 meses.

·   Casos moderados (trastornos del lenguaje receptivo-expresivo, dificultades gramaticales, problemas de comprensión): sesiones de 2 veces por semana con una duración de 3 a 4 años.

·    Casos severos (trastornos del lenguaje asociados a condiciones neurológicas, discapacidad intelectual o TEA): terapia de larga duración, con sesiones mínimo 2 veces por semana, pudiendo extenderse a lo largo de su escolaridad.

El progreso depende de múltiples factores, como la edad de inicio de la terapia, la frecuencia de las sesiones y la implicación de la familia en el proceso terapéutico.

 

Nota: Si tienes dudas sobre el desarrollo del lenguaje de tu hijo o necesitas más información sobre el proceso terapéutico, no dudes en consultarnos. Puedes ponerte en contacto con nuestra consulta para recibir orientación y concertar una valoración profesional. ¡Estamos aquí para ayudarte!

                        

Elena Aurrecoechea Mariscal

 

 

 


jueves, 13 de febrero de 2025

La detección a tiempo de las dificultades en el desarrollo de los aprendizajes evita que se agraven y afecten negativamente a la autoestima del niño.



Las primeras etapas de la escolarización son fundamentales para el desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños. Durante este período, los pequeños adquieren habilidades esenciales como la lectura, escritura, cálculo y la capacidad de atención, las cuales sientan las bases para su progreso académico futuro. Sin embargo, no todos los niños desarrollan estas habilidades al mismo ritmo, lo que puede dar lugar a dificultades de aprendizaje. Identificar estos problemas tempranamente y buscar el apoyo adecuado, como el de un psicopedagogo, logopeda o psicólogo es crucial para evitar que estas dificultades se agraven y afecten negativamente la autoestima y el rendimiento escolar del niño.

Las dificultades de aprendizaje pueden manifestarse de diversas maneras y no siempre es fácil diferenciar entre una demora en el aprendizaje y un problema más serio. Es importante que los padres y profesores estén atentos a ciertas señales que indican que es necesario consultar con un especialista que podrá evaluar y diseñar un plan de intervención adecuado si así lo considera o establecerá algunas pautas y orientaciones de observación del desarrollo.

  • Cuando un niño tiene problemas para articular palabras correctamente, estructurar oraciones o comprender lo que escucha. 
  • Cuando un niño tiene dificultades para seguir instrucciones.
  •  Cuando un niño parece estar por detrás de sus compañeros en habilidades clave como la lectura, la escritura o el cálculo. 
  • Si un niño tiene problemas recurrentes para seguir instrucciones o concentrarse en tareas durante períodos cortos de tiempo. 
  • Comportamiento frustrado o evitativo: Los niños con dificultades de aprendizaje a menudo experimentan frustración y pueden evitar las tareas que les resultan difíciles, lo que genera un ciclo de bajo rendimiento y baja autoestima. 

Consultar con un psicopedagogo permite abordar las dificultades, apoyando no solo el desarrollo académico, sino también el desarrollo emocional del niño. 

Detectar y abordar las dificultades de aprendizaje a tiempo es crucial para evitar que los niños se queden rezagados en su desarrollo académico y social. 

Cuando se detectan las dificultades, el profesional competente , psicopedagogo, psicólogo o logopeda , dependiendo del área o áreas del desarrollo establece las sesiones necesarias y las actividades que refuerzan las habilidades deficitarias y proporciona estrategias compensatorias. Es esencial que los especialistas trabajen en colaboración con el entorno escolar y la familia con el fin de establecer criterios y objetivos concretos de intervención. Los maestros pueden implementar adaptaciones en el aula, mientras que los padres pueden reforzar las estrategias de aprendizaje en casa.

 

Elena Aurrecoechea Mariscal

La figura del pedagogo, una profesión necesaria en el ámbito educativo.

  La educación es un proceso complejo en el que intervienen múltiples variables: cognitivas, lingüísticas, emocionales, sociales y context...