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miércoles, 9 de septiembre de 2026

Lo que el Informe PISA nos está mostrando.




Estos días volvemos a hablar de PISA, de posiciones, de puntos que suben o bajan, de comunidades que están mejor o peor, de titulares que anuncian una nueva caída de los resultados educativos y, probablemente, muchos de nosotros tengamos una opinión formada sobre lo que ocurre. O quizá creamos tenerla.

Pero ¿qué es exactamente PISA y qué nos está diciendo realmente cuando señala que nuestros adolescentes tienen más dificultades en matemáticas, comprenden peor lo que leen o encuentran más dificultades para resolver determinados problemas?

PISA es una evaluación internacional que realiza la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) con estudiantes de 15-16 años , que pretende conocer hasta qué punto, nuestros adolescentes, pueden utilizar lo que han aprendido para comprender, razonar y enfrentarse a situaciones que van más allá de repetir unos contenidos aprendidos en clase.

Por tanto, cuando miramos los resultados de este informe no estamos mirando cuánto saben o cuánto recuerdan nuestros alumnos. Estamos evaluando, sobre todo, qué son capaces de hacer con aquello que saben.

Y sí, los datos de 2025 no son buenos.

España obtiene 457 puntos en matemáticas, 451 en lectura y 477 en ciencias. Son resultados inferiores a los de 2022 y sitúan a España por debajo de la media de la OCDE en las tres competencias. En matemáticas y lectura son, además, los resultados más bajos de la histria española, desde que se realiza este informe.

Pero quizá lo más inquietante no sea el puesto que ocupamos, que también lo es, ni siquiera la comparación con otros países. Lo verdaderamente preocupante es que aumenta el número de adolescentes que no alcanza el nivel básico de competencia.

Y es aquí donde urge reflexionar.

Porque probablemente estemos ante un conjunto de variables y no ante una única explicación. Lo que no parece razonable, desde mi punto de vista, es convertir ninguna de ellas en una explicación completa.

Podemos hablar de las pantallas, de las redes sociales, de los cambios en los hábitos de lectura, de la atención, de la motivación, de la pandemia, de las familias, de las desigualdades socioeconómicas, de los profesores, de los recursos de los centros, de la diversidad que encontramos hoy en las aulas… Y seguramente haya elementos de verdad en muchas de estas cuestiones.

Se  está poniendo énfasis en el tema de pantallas , pero quizá el debate no debería plantearse simplemente en términos de pantalla sí o pantalla no.  Lo cierto es que no es lo mismo utilizar una tecnología para aprender, crear, investigar o comunicarse que pasar horas saltando de un contenido a otro, con estímulos constantes y poca capacidad para sostener la atención sobre una misma tarea. No es solamente la herramienta, sino el uso que hacemos de ella y las dinámicas que genera.Y esto ocurre en una etapa en la que los adolescentes todavía están desarrollando capacidades relacionadas con la regulación de la atención, la planificación, el control de los impulsos o la capacidad para sostener el esfuerzo cuando la recompensa no es inmediata. Por eso, reducir el problema a cuánto tiempo pasan delante de una pantalla probablemente sea tan insuficiente como pensar que las pantallas no tienen ninguna influencia sobre la manera en que viven, aprenden y se relacionan.

Pero incluso esto sería insuficiente para explicar los resultados.

En España han cambiado las características del alumnado, han aumentado determinadas necesidades educativas, la diversidad dentro de las aulas es mayor y los propios centros señalan dificultades relacionadas con la falta de profesorado y, especialmente, de personal de apoyo especializado. También encontramos cambios en el  entorno de las aulas y en algunos indicadores relacionados con la implicación familiar.

Sabemos, además, que las condiciones socioeconómicas están relacionadas con el rendimiento educativo. Las oportunidades para aprender no son exactamente las mismas para todos los niños y adolescentes, aunque el contexto tampoco determina por sí solo el resultado de cada alumno.

Y sí, la pandemia interrumpió aprendizajes, alteró rutinas, modificó las relaciones sociales y dejó efectos que todavía estamos intentando comprender. Pero tampoco explica por sí sola lo que estamos viendo. Algunas de las tendencias de deterioro ya estaban presentes antes de 2020.

PISA nos está mostrando, por tanto, el resultado final de muchas cosas que ocurren simultáneamente.

Una sociedad que ha cambiado y sigue cambiando a mucha velocidad. Una infancia y una adolescencia diferentes. Nuevas formas de relacionarnos con la información. Nuevas tecnologías. Nuevas necesidades educativas. Nuevas desigualdades. Nuevas dificultades dentro de las aulas. Familias que también viven bajo unas condiciones laborales y sociales diferentes. Profesores que tienen que responder a una diversidad cada vez mayor. Y un sistema educativo que intenta adaptarse a todo ello mientras, al mismo tiempo, se le exige que mantenga unos resultados.

Quizá el problema sea que todavía no hemos terminado de descubrir cómo acompañar educativamente ese cambio.

Y eso no significa que tengamos que renunciar a lo que sabemos que funciona y a lo que sabemos que no funciona. Precisamente porque el mundo ha cambiado, quizá tengamos que volver a poner en el centro algunas cosas que nunca han dejado de ser importantes: leer despacio, comprender antes de responder, escribir, memorizar, razonar, resolver problemas, conversar, escuchar, sostener la atención, tolerar la frustración de no saber algo todavía y experimentar la satisfacción de conseguirlo después de haberlo intentado.

No se trata de volver al pasado, sino de poder vivir mejor el presente.

Desde mi punto de vista, y como pedagoga, los resultados de PISA no son solamente una fotografía de lo que nuestros adolescentes están aprendiendo en las aulas. Son también una fotografía de la sociedad que estamos construyendo.

Y, por tanto, deberíamos preguntarnos

:

¿Qué ha cambiado en la manera en que nuestros niños y adolescentes viven, aprenden, se relacionan y piensan?

Y, sobre todo:

¿Estamos sabiendo acompañar ese cambio?

Elena Aurrecoechea Mariscal

  

miércoles, 16 de julio de 2025

La logopedia: una cuestión de salud

 



La logopedia: una cuestión de salud

La logopedia es una disciplina sanitaria orientada a favorecer el bienestar integral de las personas a lo largo de toda su vida. Va mucho más allá de enseñar a hablar correctamente: trabaja sobre procesos neurológicos, fisiológicos, cognitivos y emocionales relacionados con la comunicación, el lenguaje, la voz, la audición, la deglución y la socialización.

Sin embargo, su reconocimiento dentro del sistema sanitario sigue siendo limitado, a pesar de la sólida evidencia científica que respalda su impacto positivo en la salud global.

Logopedia en la etapa neonatal

La intervención logopédica puede comenzar incluso antes del primer llanto. En las unidades neonatales, especialmente en bebés prematuros o con patologías congénitas, el logopeda evalúa y estimula funciones esenciales como la succión, la deglución y la coordinación oro-facial necesarias para la alimentación.

Pensemos en un bebé de semanas que no puede alimentarse por vía oral. Gracias a la intervención logopédica especializada, aprende a coordinar los movimientos de succión-deglución-respiración, reduciendo el riesgo de broncoaspiración, favoreciendo la nutrición y fortaleciendo el vínculo afectivo con su madre durante la alimentación.

Además, el logopeda acompaña también a las familias en estos primeros momentos, ayudándoles a comunicarse con sus bebés y a mantener el vínculo emocional, incluso en contextos hospitalarios hostiles.

Primera infancia: lenguaje, apego y desarrollo

En los primeros años de vida, el desarrollo del lenguaje es un marcador clave del neurodesarrollo. Las alteraciones en la adquisición del lenguaje oral y/o escrito pueden ser indicadoras de trastornos como el TDAH, los trastornos del espectro autista, los trastornos específicos del lenguaje, de la lectoescritura o del aprendizaje.

Estudios como los de Ortega et al. (2020) subrayan que una detección e intervención logopédica temprana mejora significativamente el pronóstico funcional, emocional y social del niño. Sin embargo, en la mayoría del territorio español, los logopedas siguen sin formar parte de los equipos públicos de pediatría ni de atención temprana hospitalaria.

En el entorno escolar: mucho más que rendimiento académico

Durante la etapa escolar, los problemas de comunicación afectan directamente al aprendizaje, la autoestima y la inclusión social. Dificultades en la comprensión lectora, en la expresión oral o escrita o en el uso social del lenguaje pueden condicionar de forma severa la trayectoria educativa y emocional de un niño.

Por ello, desde hace años, entidades como el Consejo General de Colegios de Logopedas (CGCL) y el Colegio Oficial de Logopedas del País Vasco (CLPV) reivindican la incorporación estable del logopeda en los centros escolares públicos. No se trata solo de atender al alumnado con necesidades específicas, sino de ofrecer una herramienta preventiva e inclusiva para toda la comunidad educativa.

En la adolescencia: identidad, expresión y salud mental

Durante la adolescencia, la comunicación se vuelve un eje crucial de la construcción de la identidad. Dificultades no tratadas en etapas anteriores pueden agravarse, afectando la expresión emocional, la participación social o incluso la salud mental. El logopeda también puede acompañar estos procesos, trabajando en habilidades conversacionales, voz, lectura, escritura o apoyo emocional vinculado a la autoimagen y la comunicación.

En el ámbito clínico: dignidad, autonomía y calidad de vida

En personas adultas y mayores con patologías neurológicas (ictus, traumatismos craneoencefálicos, ELA, Parkinson, Alzheimer...), la logopedia es clave para preservar funciones vitales como la alimentación, la comunicación o el habla.

El Institut Guttmann (2019) reconoce la intervención logopédica como esencial en la rehabilitación neurológica. En casos como la ELA, permite mantener por más tiempo la capacidad comunicativa y la seguridad al alimentarse, lo que tiene un impacto directo en la calidad de vida y la dignidad de la persona.

En enfermedades degenerativas como el Alzheimer, el trabajo del logopeda ayuda a ralentizar el deterioro del lenguaje, mantener conexiones emocionales con el entorno y favorecer la interacción social, todo ello desde una mirada centrada en la persona.

Logopedia en cuidados paliativos: cuando la palabra es lo último que queda

En contextos de final de vida, el logopeda acompaña para preservar la comunicación significativa en sus múltiples formas: una palabra, un gesto, una mirada, una elección. También colabora para mantener la capacidad de alimentarse, adaptando texturas y formas de ingesta para garantizar el confort y la autonomía hasta donde sea posible.

Escuchar un “te quiero”, elegir si beber un sorbo de agua o simplemente poder decir adiós... son gestos profundamente humanos que la logopedia puede sostener cuando otras funciones se apagan.


Una disciplina al servicio de la vida

Etapa de la vida

Intervención logopédica

Neonatal y primera infancia

Estimulación de la comunicación, alimentación segura, desarrollo del vínculo. Trastornos del desarrollo,  parálisis cerebral, síndromes y otras enfermedades raras

Edad escolar

Prevención del fracaso escolar, inclusión, comunicación, comprensión lectora, lenguaje, deglución ,voz

Adolescencia

Voz, dificultades de aprendizaje, apoyo emocional y social.

Edad adulta

Rehabilitación tras ictus o daño cerebral adquirido , afasias, disartria, disfagia, voz , enfermedades con afectación de la comunicación, deglución, voz.

Tercera edad

Disfagia, enfermedades neurodegenerativas, intervención paliativa.


A pesar de toda esta evidencia, la logopedia sigue teniendo escasa representación en el sistema sanitario público y en los centros de atención sociosanitaria. En la práctica, muchas familias deben recurrir a servicios privados para acceder a una atención que debería estar garantizada, lo que genera desigualdad y exclusión.

La logopedia es salud, es prevención, es dignidad. Su inclusión plena en el sistema sanitario, socio sanitario y educativo  noes solo una cuestión de justicia, sino una inversión en bienestar, autonomía y sostenibilidad social.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha subrayado el papel esencial de los profesionales de la logopedia en la prevención y rehabilitación en un mundo donde el envejecimiento y las enfermedades crónicas irán en aumento.

Es por todo lo expuesto la necesidad urgente que reclamamos los profesionales de la logopedia de reconocer su valor y garantizar que todas las personas —desde el nacimiento hasta el final de la vida— tengan acceso a una atención logopédica de calidad, universal y centrada en la persona.

 

Elena Aurrecoechea Mariscal

Logopeda colegiada 480039

 

lunes, 7 de julio de 2025

FAMILIA Y VACACIONES DE VERANO

 


Las vacaciones escolares suelen recibirse con alegría: llega el descanso, el tiempo libre, la posibilidad de estar juntos sin la presión de los horarios escolares, de los deberes, de las extraescolares. Es un momento que muchas familias esperan con ilusión, porque permite compartir más, reencontrarse, recuperar cierta calma. Pero a la vez, ese mismo tiempo que se presenta como una oportunidad, tiene momentos que pueden convertirse en un verdadero desafío.

Hay familias que organizan con antelación actividades, salidas, viajes, campamentos, y otras que van sobre la marcha, con lo que se puede y como se puede. Hay quienes disfrutan de esa flexibilidad para improvisar, y hay quienes se sienten completamente desbordados ante el exceso de horas sin estructura. En algunos casos, la ausencia de rutinas genera una sensación de caos, de no saber por dónde empezar el día, de niños nerviosos, padres agotados y una convivencia que se va enredando sin querer. Y es que, aunque las vacaciones suenen a relax, la realidad es que no todas las personas adultas pueden dejar sus responsabilidades o su trabajo, y conciliar se vuelve más difícil cuando los peques están en casa todo el día y la energía parece no agotarse nunca. Es fácil escuchar comentarios como “¡acaban de empezar y ya no puedo más!”, o “menos mal que la semana que viene empieza el campamento”. No es una queja sin sentido: es la expresión de un cansancio real que también merece ser reconocido.

 

Al mismo tiempo, las vacaciones son una ocasión valiosa para fortalecer el vínculo, para mirar más despacio, para acompañar desde otro lugar. Hay algo muy especial en ese tiempo compartido sin prisa, en los desayunos tranquilos, en las caminatas improvisadas, en las tardes de juego o en las conversaciones que nacen cuando nadie tiene que correr a ningún sitio. Muchas veces, no se trata de grandes planes, sino de esos momentos cotidianos que dejan huella: una tarde cocinando juntos, una siesta compartida, una risa que aparece en medio de un chapuzón.

 

Quizá por eso es importante cuidar un poco el ritmo, sin volver a imponer horarios rígidos, pero sí manteniendo ciertos hábitos que ayuden a que todo fluya mejor. Dormir bien, respetar las comidas, guardar algún espacio tranquilo en el día, puede marcar la diferencia. También puede ser buen momento para que los niños participen más activamente en pequeñas tareas, que ganen autonomía, que aprendan a aburrirse sin que eso sea un problema. No hace falta llenar la agenda ni estar haciendo cosas constantemente: el equilibrio muchas veces está en saber combinar actividades y tiempo libre, propuestas y juego espontáneo, presencia y también espacio propio.

Lo más importante, tal vez, no es cuánto tiempo pasamos juntos, sino cómo se vive ese tiempo. Mirarse de verdad, compartir, dejar que haya espacio para la alegría, pero también para el cansancio, para los desacuerdos, para todo lo que forma parte de convivir. Las vacaciones, con todo lo que traen, lo bueno y lo difícil, pueden ser una oportunidad para conectar, para conocer mejor a nuestros hijos, para redescubrirnos como familia. Y si a veces no salen como habíamos imaginado, si hay días caóticos o momentos tensos, también está bien. Porque lo importante no es que sean perfectas, sino que sean vividas, sentidas y compartidas desde la verdad y el cuidado mutuo.

“Lo esencial es aprender a estar con los hijos, no solo a hacer cosas con ellos.”

María Montessori

¡Feliz verano familias!

 

miércoles, 26 de marzo de 2025

Patología del lenguaje en la infancia y su abordaje terapéutico.



El desarrollo del lenguaje en la infancia es un proceso fundamental para la comunicación, el aprendizaje y la socialización. Sin embargo, algunos niños pueden presentar dificultades que afectan a  su comprensión, expresión y uso del lenguaje. Estas alteraciones, conocidas como patologías del lenguaje, requieren una intervención especializada para favorecer su evolución y evitar repercusiones en el desarrollo general  del niño, tanto social, emocional como escolar.

Es importante diferenciar entre un retardo evolutivo del lenguaje y un trastorno del lenguaje.

  • El retardo evolutivo del lenguaje hace referencia a una adquisición del lenguaje más lenta respecto a los niños de la misma edad, pero con una evolución favorable a medida que el niño se desarrolla. Con estimulación adecuada, el niño logra alcanzar un desarrollo lingüístico acorde a su edad.

 

  • Un trastorno del lenguaje es una dificultad persistente en la adquisición y uso del lenguaje que afecta la capacidad del niño para comunicarse de manera efectiva. Puede manifestarse en problemas para comprender lo que se le dice, para expresarse con palabras o para estructurar frases de manera adecuada a su edad. Estos trastornos no están causados por una falta de estimulación, sino por dificultades en el desarrollo, que requieren intervención especializada para mejorar la comunicación y evitar posibles repercusiones en el aprendizaje, la socialización y  en el bienestar emocional del pequeño. Según las principales clasificaciones diagnósticas internacionales, los trastornos del lenguaje pueden categorizarse de la siguiente manera:

Clasificación según el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ª  edición)

1.Trastorno del Lenguaje: Dificultad persistente en la adquisición y uso del lenguaje en sus diferentes formas (oral, escrito, gestual) debido a deficiencias en la comprensión o producción del lenguaje.

2.Trastorno de la Comunicación Social (Pragmático): Dificultades en el uso social del lenguaje y la comunicación, afectando la capacidad de mantener conversaciones, comprender normas conversacionales y adaptar el lenguaje al contexto.

3.Trastorno Fonológico: Problemas en la producción de sonidos del habla que afectan la inteligibilidad, sin una causa médica o neurológica evidente.

4.Trastorno de la Fluidez (Tartamudeo) de Inicio en la Infancia: Alteraciones en la fluidez y ritmo del habla, con repeticiones, bloqueos o prolongaciones de sonidos y sílabas.

Clasificación según la CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades, 11ª edición)

1. Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (6A01): Afecta la adquisición y desarrollo del lenguaje en sus distintas dimensiones sin otra condición neurológica o sensorial que lo explique.

2. Trastorno del Lenguaje Asociado a una Condición Médica o Neurológica (6A02): Trastorno del lenguaje debido a afecciones neurológicas, déficits sensoriales o síndromes genéticos (ej., síndrome de Down).

3. Trastorno del Habla y la Articulación (6A03): Dificultades persistentes en la articulación de los sonidos del habla.

4. Trastorno de la Fluidez del Habla (6A04): Se corresponde con la tartamudez o disfemia.

5. Trastorno de la Comunicación Social (6A05): Dificultades para utilizar el lenguaje en contextos sociales, con problemas en la coherencia conversacional y la adecuación pragmática del lenguaje.

Cuanto antes se detecten las dificultades del lenguaje, mayores serán las posibilidades de intervención y éxito en la terapia. Si notas que tu hijo tiene dificultades para hablar, comprender instrucciones o formar frases adecuadas para su edad, es fundamental acudir a un logopeda para una valoración profesional.

El logopeda es un profesional sanitario especializado en la evaluación, diagnóstico y tratamiento de cualquier alteración en la comunicación. Su labor es esencial para ayudar a los niños a desarrollar habilidades lingüísticas adecuadas, favoreciendo su integración escolar y social y por tanto un adecuado desarrollo global.

El logopeda, en su consulta, recoge toda la historia sobre el desarrollo del pequeño desde la gestación hasta la fecha y realiza un análisis clínico que puede complementar con  pruebas diagnósticas, si lo considera necesario y diseña programas terapéuticos personalizados adaptados a la edad y las dificultades del niño.

Además, trabaja en estrecha colaboración con la familia y el entorno educativo del niño para garantizar un abordaje integral y coherente con sus necesidades.

La Terapia del Lenguaje

Es importante que las familias comprendan que la terapia del lenguaje no es una actividad extraescolar, sino un tratamiento que necesita continuidad y compromiso. La interrupción de la terapia, especialmente durante periodos vacacionales, puede generar retrocesos en los avances logrados, afectando el proceso de aprendizaje y la comunicación del niño. Para evitar estos retrocesos, se recomienda:

·       Favorecer un entorno de comunicación y confianza con el profesional.

·        Mantener una asistencia regular a las sesiones.

· Seguir las indicaciones del profesional en casa con actividades complementarias.

Cada niño presenta necesidades individuales y la duración del proceso terapéutico es largo, pero de manera general los tiempos de intervención pueden ser:

·   Casos leves (dificultades fonológicas o leves retrasos en el lenguaje): sesiones de 1 a 2 veces por semana durante 6 -12 meses.

·   Casos moderados (trastornos del lenguaje receptivo-expresivo, dificultades gramaticales, problemas de comprensión): sesiones de 2 veces por semana con una duración de 3 a 4 años.

·    Casos severos (trastornos del lenguaje asociados a condiciones neurológicas, discapacidad intelectual o TEA): terapia de larga duración, con sesiones mínimo 2 veces por semana, pudiendo extenderse a lo largo de su escolaridad.

El progreso depende de múltiples factores, como la edad de inicio de la terapia, la frecuencia de las sesiones y la implicación de la familia en el proceso terapéutico.

 

Nota: Si tienes dudas sobre el desarrollo del lenguaje de tu hijo o necesitas más información sobre el proceso terapéutico, no dudes en consultarnos. Puedes ponerte en contacto con nuestra consulta para recibir orientación y concertar una valoración profesional. ¡Estamos aquí para ayudarte!

                        

Elena Aurrecoechea Mariscal

 

 

 


jueves, 13 de febrero de 2025

La detección a tiempo de las dificultades en el desarrollo de los aprendizajes evita que se agraven y afecten negativamente a la autoestima del niño.



Las primeras etapas de la escolarización son fundamentales para el desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños. Durante este período, los pequeños adquieren habilidades esenciales como la lectura, escritura, cálculo y la capacidad de atención, las cuales sientan las bases para su progreso académico futuro. Sin embargo, no todos los niños desarrollan estas habilidades al mismo ritmo, lo que puede dar lugar a dificultades de aprendizaje. Identificar estos problemas tempranamente y buscar el apoyo adecuado, como el de un psicopedagogo, logopeda o psicólogo es crucial para evitar que estas dificultades se agraven y afecten negativamente la autoestima y el rendimiento escolar del niño.

Las dificultades de aprendizaje pueden manifestarse de diversas maneras y no siempre es fácil diferenciar entre una demora en el aprendizaje y un problema más serio. Es importante que los padres y profesores estén atentos a ciertas señales que indican que es necesario consultar con un especialista que podrá evaluar y diseñar un plan de intervención adecuado si así lo considera o establecerá algunas pautas y orientaciones de observación del desarrollo.

  • Cuando un niño tiene problemas para articular palabras correctamente, estructurar oraciones o comprender lo que escucha. 
  • Cuando un niño tiene dificultades para seguir instrucciones.
  •  Cuando un niño parece estar por detrás de sus compañeros en habilidades clave como la lectura, la escritura o el cálculo. 
  • Si un niño tiene problemas recurrentes para seguir instrucciones o concentrarse en tareas durante períodos cortos de tiempo. 
  • Comportamiento frustrado o evitativo: Los niños con dificultades de aprendizaje a menudo experimentan frustración y pueden evitar las tareas que les resultan difíciles, lo que genera un ciclo de bajo rendimiento y baja autoestima. 

Consultar con un psicopedagogo permite abordar las dificultades, apoyando no solo el desarrollo académico, sino también el desarrollo emocional del niño. 

Detectar y abordar las dificultades de aprendizaje a tiempo es crucial para evitar que los niños se queden rezagados en su desarrollo académico y social. 

Cuando se detectan las dificultades, el profesional competente , psicopedagogo, psicólogo o logopeda , dependiendo del área o áreas del desarrollo establece las sesiones necesarias y las actividades que refuerzan las habilidades deficitarias y proporciona estrategias compensatorias. Es esencial que los especialistas trabajen en colaboración con el entorno escolar y la familia con el fin de establecer criterios y objetivos concretos de intervención. Los maestros pueden implementar adaptaciones en el aula, mientras que los padres pueden reforzar las estrategias de aprendizaje en casa.

 

Elena Aurrecoechea Mariscal

jueves, 6 de febrero de 2025

El juego, la exploración y la comunicación como base del desarrollo del aprendizaje lector.





Aprender a leer es un hito importante en el desarrollo de un niño, ya que constituye la base para el aprendizaje escolar y la comprensión del mundo que lo rodea. Sin embargo,  este proceso no debe adelantarse, ya  que cada niño tiene  su propio ritmo natural  para enfrentarse a este desafío.

La lectura requiere la interacción de múltiples áreas cerebrales y el desarrollo de habilidades específicas, por ello el niño  necesita alcanzar cierto nivel de madurez en habilidades cognitivas, lingüísticas y motoras para poder iniciar el aprendizaje de la lectura de manera efectiva como :

  • Desarrollo del lenguaje oral: vocabulario amplio y una adecuada construcción de frases son esenciales para relacionar las palabras habladas con las escritas.
  • Memoria y atención: capacidad de recordar sonidos, letras y palabras, así como mantener la atención en la tarea.
  • Conciencia fonológica: capacidad de identificar, segmentar y manipular sonidos en las palabras.
  • Coordinación visomotora: Habilidades como seguir una línea de texto con los ojos o dibujar formas similares a letras.


La edad para iniciar este aprendizaje suele ser entre los 5 y 7 años, aunque esto puede variar según cada niño. Forzar el inicio antes de que el peque  esté preparado puede generar frustración, rechazo o incluso dificultades de aprendizaje posteriores. El cerebro necesita su tiempo para formar conexiones neuronales entre las áreas visuales y lingüísticas que intervienen en el proceso lector.

El juego, la exploración y la comunicación con nuestro hijo  son actividades mucho más beneficiosas en las primeras etapas del desarrollo, ya que fomentan habilidades lingüísticas y cognitivas que preparan al niño para el aprendizaje.

Aquí dejo algunas propuestas para esta etapa pre-lectora

  • Hablar mucho con nuestros hijos, nombrando las cosas, narrando lo que hacen, para ampliar su vocabulario poco a poco , por ejemplo: "Ahora nos ponemos los zapatos, este zapato es azul y este es rojo. "Mira, aquí hay una zanahoria, es naranja y crujiente."
  • Hacer preguntas abiertas: "¿Qué crees que pasa si mezclamos estos colores?"
  • Leer cuentos en voz alta usando voces divertidas para los personajes.
  • Usar gestos, sonidos y dramatización para hacer la historia más envolvente.
  • Preguntar "¿qué crees que pasará ahora?" para fomentar la participación.
  • Leer el mismo cuento varias veces y dejar que el niño repita frases clave o complete partes de la historia.
  • Jugar al veo - veo  con sonidos  "Veo, veo algo que empieza con el sonido /s/".
  • Usar un libro ilustrado sin texto y pedir al niño que "invente" la historia observando las imágenes, podemos guiarle haciendo preguntas.
  • Cantar canciones infantiles con palabras repetitivas y rimas ("Debajo un botón", "Estrellita, dónde estás?").
  • Inventar rimas con su nombre o con objetos cercanos:
    • "Pablo come un rábano."
    • "Ana salta en la ventana."
  • Tener cuentos en diferentes lugares (sala, cocina, baño).
  • Leer cuando el niño lo pida, aunque sea solo para mirar las imágenes.
  • Etiquetar sus cosas con su nombre (mochila, vaso, cuaderno)
  • Tener papel y colores siempre disponibles para que el niño garabatee y dibuje cuando quiera.
  • Jugar a "escribir" listas de la compra o recados con dibujos y garabatos.
  • Imitar la escritura de mamá o papá cuando hagan notas o agendas.
  • Escribir notas pequeñas con dibujos en su merienda o debajo de la almohada.
  • Dibujar juntos en una papel o pizarra lo que harán en el día y podemos poner un nombre al dibujo
  • Contar y hablar sobre el día como si fuera un cuento o una historia, invitándole a participar a través de preguntas. "Hoy Lucas se despertó y desayunó pan con mermelada, luego jugó con su camión rojo y después fue al parque..." ¿Y...qué pasó después?" o "¿Qué parte te gustó más?
  •  Jugar a Simón dice...
    •  Toca algo que empiece con  el sonido /m/" (mesa, muñeco).
    •  Encuentra algo que rime con 'sol.
  • Recortar, pegar, hacer puzles , jugar con plastilina, acompañando al pequeño en su relato, construyendo juntos.

 Lo más importante:
✔ No presionar ni corregir, sino acompañar con entusiasmo.
✔ Incluir la lectura y la escritura en nuestra vida diaria de forma espontánea. Ser ejemplo.
✔ Aprovechar las experiencias cotidianas como juegos de aprendizaje.


                                                                                Elena Aurrecoechea Mariscal
                                                       




Lo que el Informe PISA nos está mostrando.

Estos días volvemos a hablar de PISA, de posiciones, de puntos que suben o bajan, de comunidades que están mejor o peor, de titulares que ...