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miércoles, 21 de octubre de 2026

El papel del logopeda tras un ictus; Evaluación, intervención y recuperación funcional desde la evidencia científica .

 

 



El ictus y sus consecuencias en la comunicación y la deglución.

El ictus puede producir alteraciones que afectan de forma significativa a la autonomía, la comunicación y la calidad de vida de la persona. Aunque la atención inicial se centra en la estabilización médica y en la prevención de complicaciones, la recuperación funcional requiere identificar y abordar las dificultades que aparecen como consecuencia de la lesión cerebral.

Entre ellas se encuentran las alteraciones del lenguaje, el habla, la voz, la comunicación y la deglución. Su presencia y gravedad varían según la localización y extensión de la lesión, las capacidades previas de la persona, las condiciones clínicas y la evolución individual.

En este contexto, la logopedia desempeña una función esencial. Su intervención va dirigida a recuperar, compensar o mantener las capacidades necesarias para comunicarse, participar en su entorno y alimentarse con la mayor seguridad y autonomía posibles.

La evaluación logopédica: comprender antes de intervenir.

Una intervención eficaz comienza con una evaluación que permita identificar qué funciones están alteradas, cuáles se mantienen y de qué manera repercuten en la vida cotidiana.

En el ámbito de la comunicación, la valoración puede incluir la comprensión y expresión del lenguaje, la denominación, la construcción de frases, la repetición, la lectura, la escritura, la articulación, la inteligibilidad del habla y los aspectos pragmáticos de la comunicación. También es necesario considerar los procesos cognitivos que intervienen en ella, como la atención, la memoria de trabajo, la planificación y la organización del discurso.

La evaluación debe combinar procedimientos estandarizados con observación clínica y tareas funcionales. No es suficiente conocer el resultado de una prueba: es necesario comprender cómo se desenvuelve la persona cuando intenta mantener una conversación, explicar una necesidad, seguir una indicación o participar en una actividad cotidiana.

Cuando existen indicios de disfagia (dificultad para tragar) la valoración debe abordar de manera específica la seguridad y eficacia de la deglución. Según el caso, puede ser necesario recurrir a exploraciones instrumentales, como la videofluoroscopia o la evaluación endoscópica de la deglución, para precisar dónde está la alteración, que ocurre  y orientar las decisiones terapéuticas, de seguridad y nutricionales.

La evaluación inicial, en todos los casos, constituye, además, un punto de referencia para establecer objetivos y comprobar la evolución a lo largo del proceso rehabilitador.

Afasia: recuperar el lenguaje y la comunicación funcional.

La afasia es una alteración adquirida del lenguaje que puede afectar a la comprensión, la expresión oral, la lectura y la escritura. No todas las personas presentan las mismas dificultades ni estas repercuten de igual manera en su vida diaria.

En algunos casos, la persona comprende buena parte de lo que se le dice, pero tiene dificultades para encontrar palabras, construir frases o expresar con precisión lo que desea comunicar. En otros, la comprensión está comprometida y las dificultades aparecen también al interpretar preguntas, conversaciones o instrucciones.

Desde la logopedia, el tratamiento se diseña a partir del perfil lingüístico y de las necesidades comunicativas de cada persona. Puede incluir trabajo sobre el acceso al léxico, la organización fonológica y semántica, la construcción sintáctica, la comprensión verbal, la lectura y la escritura, junto con actividades dirigidas a mejorar la comunicación en situaciones reales.

Por ejemplo, una persona puede identificar correctamente los objetos que se le presentan durante una sesión, pero encontrar muchas dificultades para explicar qué necesita cuando llega a una consulta médica. En ese caso, no basta con entrenar la denominación de palabras aisladas. Es importante trabajar también la elaboración de mensajes funcionales, la formulación de preguntas, la expresión de síntomas y el uso de estrategias que permitan transmitir la información relevante.

La intervención debe contemplar asimismo los recursos de comunicación aumentativa y alternativa cuando sean necesarios, así como la orientación a familiares y profesionales del entorno. Facilitar la comunicación no significa hablar por la persona, sino proporcionarle los apoyos que le permitan participar y conservar su capacidad de decisión.

Las recomendaciones europeas para la rehabilitación de la afasia respaldan una intervención individualizada e intensiva , pero la frecuencia, la duración y la intensidad deben ajustarse a las características clínicas, la tolerancia, los objetivos y las posibilidades de participación de cada persona.

Disartria y apraxia del habla.

Tras un ictus pueden aparecer alteraciones motoras del habla. Entre ellas se encuentran la disartria, relacionada con dificultades en la ejecución neuromuscular del habla, y la apraxia del habla, vinculada a alteraciones en la planificación y programación de los movimientos necesarios para producirla.

Aunque pueden coexistir, no son el mismo trastorno y requieren una evaluación diferencial. La intervención se selecciona en función de las características observadas, evitando aplicar ejercicios de manera automática sin una justificación clínica ni evidencia científica al respecto.

En una persona  que su habla  resulta poco inteligible por una articulación imprecisa, por ejemplo, el análisis puede mostrar que los interlocutores comprenden mejor sus mensajes cuando reduce la velocidad, organiza las pausas y utiliza una emisión más clara. El tratamiento podrá centrarse en las dificultades identificadas y comprobar si las estrategias aprendidas mejoran la comprensión de sus mensajes en conversaciones cotidianas.

En otros casos, la dificultad principal puede ser la inconsistencia de los errores articulatorios o la alteración de la secuenciación de los movimientos del habla. La intervención deberá adaptarse a ese perfil y medir los cambios tanto en las tareas terapéuticas como en la comunicación espontánea.

El objetivo último no es conseguir una ejecución correcta en una actividad aislada, sino favorecer una comunicación cada vez más eficaz en el entorno habitual de la persona.

Comunicación y funciones cognitivas: una relación que no debemos pasar por alto.

No todas las dificultades comunicativas posteriores a un ictus se explican exclusivamente por una alteración del lenguaje. En algunas personas, los problemas de atención, memoria, planificación, flexibilidad cognitiva o velocidad de procesamiento interfieren en la comprensión y elaboración de mensajes.

Puede ocurrir, por ejemplo, que una persona responda adecuadamente a preguntas concretas, pero tenga dificultades para relatar una experiencia, ordenar temporalmente los acontecimientos o explicar una situación que requiere integrar varias informaciones.

Estas dificultades pueden pasar desapercibidas si la valoración se limita a preguntas sencillas o ejercicios lingüísticos descontextualizados. Por ello, resulta importante observar cómo se comunica la persona en tareas que exigen organizar información, mantener el tema de conversación, elaborar un relato o resolver una necesidad cotidiana.

La intervención puede incorporar apoyos visuales, organizadores del discurso, secuencias de acontecimientos, estrategias de planificación y recursos externos que faciliten la comprensión y la expresión. Cuando está indicado, la coordinación con neuropsicología y otros profesionales permite integrar los resultados de la evaluación y evitar abordajes fragmentados.

Disfagia tras el ictus: seguridad, eficacia y calidad de vida.

La disfagia es una de las alteraciones que requieren especial atención después de un ictus, debido a sus posibles consecuencias sobre la hidratación, la nutrición, la salud respiratoria y la participación social.

La presencia de tos durante las comidas puede alertar de una dificultad deglutoria, pero su ausencia no garantiza que la deglución sea segura. Algunas personas pueden presentar aspiraciones sin una respuesta de tos evidente. Por este motivo, el cribado precoz y la evaluación específica son fundamentales, y la alimentación oral no debe iniciarse sin haber realizado el cribado indicado en la fase aguda.

La intervención logopédica parte de la identificación de los mecanismos afectados y de las condiciones en las que la persona consigue deglutir de forma más segura y eficaz. Según los hallazgos, puede incluir tratamiento rehabilitador de la deglución, estrategias compensatorias, ajustes posturales, modificación de las características de los alimentos y líquidos, y orientación a familiares y profesionales responsables de los cuidados.

Imaginemos a una persona que tarda mucho en completar una comida, acumula restos de alimento en la boca y necesita varios intentos para terminar cada bocado. La observación clínica debe determinar dónde aparecen las dificultades y qué factores las explican. A partir de esa información se establecerán las medidas oportunas, que deberán comprobarse y revisarse conforme evolucione la situación.

La adaptación de texturas y viscosidades no debe entenderse como una decisión definitiva ni aplicarse de forma indiscriminada. Debe responder a la evaluación individual, procurar la alternativa menos restrictiva que resulte segura y eficaz y tener en cuenta la hidratación, la nutrición, la aceptación de los alimentos y la experiencia de comer.

Comer no es únicamente una función fisiológica. También implica placer, identidad, relación y participación social. Por ello, la atención a la disfagia debe procurar la seguridad sin perder de vista la dignidad y la calidad de vida de la persona.

Evaluar los cambios y ajustar los objetivos.

Uno de los retos de la rehabilitación logopédica es que los cambios obtenidos durante el tratamiento se trasladen a las actividades cotidianas.

Una persona puede mejorar al nombrar imágenes, pero seguir necesitando ayuda para explicar una necesidad. Puede realizar correctamente una estrategia de deglución durante la sesión y tener dificultades para mantenerla en una comida con distracciones. También puede comunicarse mejor con un profesional familiarizado con su perfil que con personas que no conocen cómo facilitar la conversación.

Por ello, el trabajo logopédico debe incluir objetivos funcionales, orientación al entorno y coordinación con los profesionales que participan en los cuidados y la rehabilitación. La familia y el equipo necesitan comprender qué apoyos son útiles, cómo ofrecerlos y qué señales deben comunicar al profesional para facilitar la revisión de las estrategias.

La coordinación interdisciplinar resulta especialmente relevante cuando coexisten alteraciones motoras, cognitivas, lingüísticas y deglutorias. Compartir información y objetivos evita intervenciones contradictorias y permite que las recomendaciones se mantengan de forma coherente en los diferentes contextos asistenciales.

La evolución después de un ictus no es uniforme. Algunas capacidades experimentan cambios importantes en las primeras etapas, mientras que otras requieren un trabajo prolongado, estrategias compensatorias o adaptaciones que permitan mantener la participación.

Por ello, la eficacia de la intervención no debe valorarse únicamente por la impresión general de mejoría. Es importante establecer indicadores que permitan comparar el funcionamiento inicial con el posterior. La revisión periódica permite mantener los objetivos que siguen siendo relevantes, modificar los que no producen el cambio esperado e incorporar nuevas necesidades cuando la situación evoluciona. También ayuda a comunicar los avances con realismo a la persona, su familia y el equipo profesional.

La rehabilitación no puede garantizar un resultado concreto, pero sí debe ofrecer una intervención fundamentada, individualizada y orientada a mejorar el funcionamiento y la calidad de vida.

El objetivo es favorecer la mayor autonomía posible, preservar la dignidad y mejorar la calidad de vida, con expectativas realistas y un acompañamiento profesional ajustado a cada situación.

 Evidencia, individualización y realidad asistencial del tratamiento logopédico.

La investigación respalda la importancia de una rehabilitación suficientemente intensiva, específica y orientada a objetivos funcionales. Sin embargo, hablar de intensidad terapéutica exige considerar tanto la las características de cada persona como las condiciones en las que recibe atención.

En la práctica clínica, la planificación debe valorar la fase de recuperación, la gravedad y el tipo de alteración, la fatigabilidad, la situación médica, la capacidad de participación, los objetivos establecidos y la respuesta observada. La frecuencia y duración se revisan en función de estos factores, procurando que el tratamiento tenga continuidad y que las habilidades trabajadas se utilicen fuera de la sesión.

En las unidades hospitalarias de neurorrehabilitación, la integración del logopeda en un equipo interdisciplinar facilita la coordinación y puede permitir una intervención frecuente. No obstante, la realidad asistencial no  responde a esta necesidad. La  atención logopédica se presta mediante profesionales externos que se desplazan para realizar las sesiones. Los tiempos de traslado, los costes asociados, la disponibilidad del servicio y la organización del centro pueden condicionar la frecuencia de intervención y las dificultades de coordinación con el resto de profesionales que forman el equipo rehabilitador. Esta realidad hace especialmente importante planificar con rigor: priorizar los objetivos de mayor repercusión funcional, coordinar las actuaciones con el resto del equipo, proporcionar orientaciones claras a los profesionales y familiares y establecer formas de seguimiento que favorezcan la continuidad del trabajo.

La inf0rmación  sobre las unidades de ictus en España , señala precisamente la relevancia de la labor logopédica y la existencia de diferencias en su implantación entre centros y territorios. Este aspecto invita a seguir avanzando hacia modelos de atención en los que las necesidades de comunicación y deglución se identifiquen de forma temprana y reciban una respuesta  profesional adecuada.

Elena Aurrecoechea Mariscal

Pedagoga, Logopeda colegiada 480039


Referencias bibliográficas

 

 

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jueves, 29 de enero de 2026

TERAPIA MIOFUNCIONAL OROFACIAL

 


¿Qué es la Terapia Miofuncional Orofacial?

La Terapia Miofuncional Orofacial (TMO) es una especialidad de la logopedia centrada en la evaluación y reeducación de los músculos de la boca y la cara, esenciales para funciones básicas como:

  • Respirar correctamente
  • Masticar y tragar de forma eficiente
  • Hablar con claridad
  • Mantener una postura oral adecuada en reposo

Desde un punto de vista científico, la TMO se basa en principios de neuroplasticidad y aprendizaje motor, que explican cómo el cerebro puede modificar y automatizar patrones musculares cuando se realizan ejercicios funcionales guiados y repetidos (Kolb & Whishaw, 1998; Kleim & Jones, 2008; Schmidt & Lee, 2011).

 ¿Qué trata la Terapia Miofuncional Orofacial?

La TMO se centra en desequilibrios musculares y funcionales que pueden afectar a:

  • Respiración: problemas para respirar por la nariz  ( Respiración oral) o  apnea obstructiva del sueño (AOS).
  • Deglución : empuje lingual al tragar ( Deglución Atípica ), dificultad para tragar ciertos alimentos o líquidos (Disfagia).
  • Trastornos del habla: alteraciones articulatorias asociadas a desajustes musculares (Disartrias).
  • Estabilidad en  la ortodoncia: prevenir recidivas dentales tras tratamientos de ortodoncia o previos.
  • Ronquidos y sueño: mejorar la función de la vía aérea y la postura oral en adultos.

En  TMO el logopeda especializado trabaja de forma personalizada, evaluando  estructura, posición, tono, fuerza, movilidad, coordinación  y función del sistema orofacial y respiratorio. El objetivo de la valoración es detectar qué músculos no trabajan bien y que funciones están alteradas y determinar el plan de intervención más adecuado y seguro. Así mismo se realiza un seguimiento continuo del plan de intervención, ajustando los ejercicios y motivando a la práctica diaria. En los casos necesarios se trabaja con la familia para apoyar la terapia diaria del niño o del adulto. El objetivo es mejorar la función muscular  oral de manera estable en el tiempo, contribuyendo a la salud y la calidad de vida.

La TMO es un tratamiento basado en evidencia científica, respaldado por estudios clínicos y revisiones sistemáticas  que evidencian mejoras reales y medibles en el sistema muscular orofacial y patrón respiratorio. Estos estudios muestran que, en un alto porcentaje de los casos,  se adquiere un patrón muscular orofacial y respiratorio con mejora funcional  y duradera que impacta positivamente en la salud de la persona tanto en la infancia como en la edad adulta.

Un alto porcentaje de los artículos revisados reportan beneficios clínicos significativos en cuanto a la reeducación muscular velofaringea, sellado labial y posición lingual. La TMO no solo modifica patrones musculares, sino que favorece funciones básicas de la vida diaria y con estabilidad en el tiempo. 

En respiradores bucales, la literatura científica respalda que la Terapia Miofuncional Oral, combinada con ortopedia u ortodoncia,  facilita el desarrollo del tono bucofacial y la reeducación funcional del sistema estomatognático, lo que se traduce en una mejor función respiratoria, deglución eficaz y equilibrio en la mordida, favoreciendo el adecuado desarrollo facial y funcional del individuo.

Además de su impacto en funciones orofaciales, la Terapia Miofuncional Orofacial ha sido estudiada ampliamente en pacientes con Apnea Obstructiva del Sueño (AOS) y cuenta con evidencia científica que respalda su eficacia como intervención complementaria no invasiva, comparados con terapias sin esta intervención. Reduce el índice de apnea-hipopnea (IAH), mejora la calidad del sueño, la saturación de oxígeno mínima y  la severidad de la AOS, mejorando  los síntomas de somnolencia y  calidad de vida del paciente. Estos estudios consolidan a la TMO como una herramienta clínica válida dentro del enfoque terapéutico de la Apnea Obstructiva del Sueño.

 

Teniendo en cuenta lo expuesto, cabe concluir que ante la presencia de respiración bucal, deglución atípica, alteraciones del habla, ronquidos, fatiga al despertar, somnolencia diurna, tratamientos de ortodoncia o dificultades funcionales orales, es importante consultar con el logopeda que trabaje TOM para valoración y abordaje conjunto con otros especialistas médicos. La intervención temprana, personalizada y basada en la evidencia científica no solo mejora funciones concretas, sino que acompaña a la persona en el proceso de recuperación funcional y bienestar.

Elena Aurrecoechea Mariscal

 

Referencias para consultar

Navas Mejía, J. E., Romero Fernández, A. J., & Salame Ortiz, V. A. (2025).
Terapia miofuncional: perspectiva integral en el sistema estomatognático.
Revista Sanitas
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https://www.revistasinstitutoperspectivasglobales.org/index.php/sanitas/article/download/823/1596

Resumen:
Revisión bibliográfica de 29 estudios recientes. El 89,7 % reporta beneficios clínicos en reeducación muscular, postura lingual, sellado labial, deglución y fonación. El 83,3 % observa mejores resultados cuando se combina con ortodoncia u ortopedia durante al menos 7 meses.

Casadiego, W., Sanabria, M., Zerpa, N., Quirós, O., & Flores, Y. (2020).
Terapia miofuncional en pacientes respiradores bucales. Revisión bibliográfica.
Ortodoncia.ws.

https://www.ortodoncia.ws/publicaciones/2020/art-12/

Resumen:
Concluye que la TMO restaura el tono muscular bucofacial, mejora la respiración nasal, la función deglutoria y la postura orofacial, previniendo alteraciones estructurales asociadas a la respiración bucal crónica.

Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología (2025).
Efecto de la terapia miofuncional orofacial en la apnea obstructiva del sueño: revisión sistemática.

Resumen:
Análisis de estudios entre 2006–2023. Mejora en severidad de AOS, perímetro cervical, somnolencia y calidad de vida.

 

Osorio Viarengo, N., & Blake, M. G.
Terapia miofuncional orofacial como alternativa al CPAP para tratamiento en SAOS.
Revista Fonoaudiología
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Resumen:
Mejoría significativa en calidad de vida y parámetros clínicos mediante fortalecimiento de musculatura orofaríngea.

 

 

 

 

jueves, 18 de diciembre de 2025

Disfagia, alteraciones orofaciales y salud oral: una relación clínica frecuentemente olvidada; el papel del logopeda en el ámbito sociosanitario.






En el ámbito de la geriatría, la neurología y la atención residencial, la disfagia y las enfermedades periodontales suelen abordarse como problemas independientes. Sin embargo, en la práctica clínica cotidiana, especialmente en personas mayores y en pacientes con enfermedades neurodegenerativas, ambas realidades aparecen estrechamente vinculadas.

Desde mi  experiencia en la atención clínica en esta población, me encuentro con una alta frecuencia: pacientes con disfagia  que presentan  un deterioro progresivo de la salud oral, manifestado en gingivitis persistente, enfermedad periodontal, halitosis, dolor oral y dificultad creciente para una alimentación adaptada y segura. Este fenómeno no responde a una única causa, sino a una suma de factores funcionales, neuromusculares y organizativos que conviene analizar.

Creo que se hace necesario visibilizar esta relación, describir sus mecanismos y subrayar la importancia de la higiene oral como parte esencial del abordaje de la disfagia, sin plantear relaciones causales directas, sino relaciones bidireccionales y contribuciones clínicas e inflamatorias  observadas.



Relación entre disfagia y salud oral

La disfagia implica una alteración de la función orofaringea que afecta no solo al acto de tragar, sino también a la masticación, la sensibilidad oral, el control lingual, la salivación y la coordinación neuromuscular.

Estas alteraciones se contemplan, además, dentro de  un contexto funcional que favorece el deterioro de la salud oral:
- Alteración masticatoria y menor autolimpieza fisiológica
- Pérdida dentaria parcial o total
- Uso inadecuado o retirada prolongada de prótesis dentales
- Disminución de saliva (hiposalivación) o exceso de salivación mal gestionada
- Hipotonía, rigidez o descoordinación orofacial
- Dificultad para realizar higiene oral autónoma
- Dependencia de cuidadores con escasa formación específica
- Evitación de la higiene profunda por miedo a aspiraciones

Todo ello conduce a una mayor carga bacteriana oral, inflamación gingival persistente y progresión de patología periodontal.


La higiene oral en pacientes con disfagia: un punto crítico

En pacientes con disfagia, la higiene oral suele verse comprometida por múltiples motivos: miedo del cuidador a provocar atragantamientos, rechazo del paciente, limitación de apertura bucal, hipersensibilidad oral o falta de pautas claras en el entorno residencial.

Como consecuencia, la higiene se vuelve superficial o irregular, favoreciendo la acumulación de placa bacteriana, restos alimentarios y secreciones.

Conviene insistir en que la higiene oral no es un aspecto estético, sino una intervención funcional, preventiva y de salud global. En pacientes con disfagia, una boca mal cuidada no solo empeora la deglución, sino que incrementa el riesgo de inflamación crónica y de complicaciones infecciosas.

Una valoración oral básica debería formar parte del abordaje habitual de cualquier paciente con disfagia. No sustituye a la valoración odontológica, pero permite detectar riesgos y decidir derivaciones.

Aspectos mínimos a observar:

- Estado de las encías: enrojecimiento, inflamación, sangrado
- Presencia de placa bacteriana o restos alimentarios
- Movilidad dentaria o dolor
- Estado de las prótesis: ajuste, uso real o retirada prolongada
- Cantidad y calidad de saliva
- Dolor oral referido o conductual
- Apertura bucal y tolerancia al contacto
- Tono, movilidad y coordinación lingual, labial y mandibular
- Capacidad de colaboración del paciente

Esta evaluación permite identificar situaciones de riesgo que a menudo pasan desapercibidas en la rutina asistencial y que han de atenderse. La salud oral requiere un trabajo interdisciplinar real, especialmente en población dependiente. Las medidas deben adaptarse a la capacidad funcional del paciente:


- Higiene oral diaria supervisada
- Cepillado adaptado (manual o eléctrico según tolerancia)
- Limpieza lingual regular
- Hidratación oral adecuada
- Uso prudente de colutorios
- Retirada, limpieza y correcto almacenamiento de prótesis
- Higiene antes y después de las comidas
- Adaptación postural durante la higiene
- Ritmo lento, seguro y respetuoso

La higiene oral puede y debe integrarse como parte del trabajo terapéutico, no solo como una tarea asistencial. En este contexto, el papel del logopeda en centros sociosanitarios y residencias resulta fundamental, y sin embargo continúa siendo insuficientemente reconocido e incorporado de forma estructural.

El logopeda no interviene únicamente cuando existe una patología claramente establecida. Su trabajo abarca la prevención, la observación precoz, el abordaje funcional y la educación de los cuidados en personas mayores y dependientes, incluso antes de que aparezca una disfagia manifiesta.

La presencia del logopeda permite integrar la función orofacial, la deglución, la higiene oral y la formación a cuidadores dentro de un abordaje coherente y preventivo, evitando que estos aspectos queden relegados o se atiendan únicamente cuando ya existe una complicación.

 Clínica por patologías

- Parkinson: bradicinesia, rigidez, alteración de la salivación y dificultad para la higiene autónoma.
- Alzheimer y otras demencias: pérdida de iniciativa, rechazo y dependencia total.
- ELA: debilidad progresiva y pérdida de autonomía para la higiene oral.
- Ictus: asimetrías, alteraciones sensitivas y masticación unilateral.

En todas estas situaciones se observa una mayor prevalencia y gravedad de patología periodontal asociada.

La combinación de disfagia y mala salud oral incrementa la carga bacteriana orofaríngea, favoreciendo procesos inflamatorios locales y sistémicos. Sin establecer una relación causal directa, sí se reconoce su contribución al riesgo de aspiración bacteriana, neumonía aspirativa y deterioro del estado general.

La disfagia y la salud oral no pueden abordarse por separado. Las alteraciones orofaciales generan un contexto que favorece el deterioro periodontal, y este impacta directamente en la función, la salud y la calidad de vida.

La atención a la persona mayor y al paciente neurológico no puede limitarse a responder a la patología cuando esta ya está instaurada. En los centros residenciales, la dependencia y el envejecimiento conllevan cambios funcionales progresivos que requieren una intervención especializada y continuada.

Incorporar al logopeda de forma estable en los equipos sociosanitarios no es una opción, sino una necesidad clínica, para abordar la función orofacial, la disfagia, la salud oral y la prevención de complicaciones. No estar presentes implica dejar sin atender procesos que afectan directamente a la dignidad y al bienestar de las personas.

                                                                                Elena Aurrecoechea Mariscal



BIBLIOGRAFIA

Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).

Salud bucodental en las personas mayores.

https://www.segg.es

Documento divulgativo y clínico que aborda el estado de la salud oral en personas mayores, las dificultades de higiene en situación de dependencia y la relación entre deterioro funcional, institucionalización y patología bucodental.


Consejo General de Dentistas de España.

Guía de salud bucodental en personas mayores y pacientes dependientes.

https://www.consejodentistas.es

Guía práctica centrada en la higiene oral en personas mayores, pacientes dependientes y residentes en centros sociosanitarios. Describe problemas frecuentes como gingivitis, periodontitis, uso de prótesis y dificultades para la higiene diaria.


Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Documento de consenso sobre la atención a las personas mayores en situación de dependencia.

https://www.sanidad.gob.es

Documento marco que incluye aspectos relacionados con la atención integral en personas dependientes, señalando la importancia de la higiene, la prevención de complicaciones y la coordinación entre profesionales en el ámbito sociosanitario.


Sociedad Española de Logopedia, Foniatría y Audiología (AELFA-IF).

Intervención logopédica en la disfagia orofaríngea.

https://www.aelfa.org

Documento técnico que aborda la evaluación e intervención en disfagia orofaríngea, incluyendo aspectos funcionales del sistema orofacial y la necesidad de medidas de cuidado e higiene oral en estos pacientes.


Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA).

Enfermedad periodontal y salud general.

https://www.sepa.es

Publicaciones divulgativas y científicas en español que describen la enfermedad periodontal, la inflamación oral crónica y su impacto en la salud general, especialmente en población adulta y mayor.


SEGG & SEPA (colaboraciones y artículos divulgativos).

Salud oral en residencias y centros sociosanitarios.

https://www.segg.es

https://www.sepa.es





miércoles, 16 de julio de 2025

La logopedia: una cuestión de salud

 



La logopedia: una cuestión de salud

La logopedia es una disciplina sanitaria orientada a favorecer el bienestar integral de las personas a lo largo de toda su vida. Va mucho más allá de enseñar a hablar correctamente: trabaja sobre procesos neurológicos, fisiológicos, cognitivos y emocionales relacionados con la comunicación, el lenguaje, la voz, la audición, la deglución y la socialización.

Sin embargo, su reconocimiento dentro del sistema sanitario sigue siendo limitado, a pesar de la sólida evidencia científica que respalda su impacto positivo en la salud global.

Logopedia en la etapa neonatal

La intervención logopédica puede comenzar incluso antes del primer llanto. En las unidades neonatales, especialmente en bebés prematuros o con patologías congénitas, el logopeda evalúa y estimula funciones esenciales como la succión, la deglución y la coordinación oro-facial necesarias para la alimentación.

Pensemos en un bebé de semanas que no puede alimentarse por vía oral. Gracias a la intervención logopédica especializada, aprende a coordinar los movimientos de succión-deglución-respiración, reduciendo el riesgo de broncoaspiración, favoreciendo la nutrición y fortaleciendo el vínculo afectivo con su madre durante la alimentación.

Además, el logopeda acompaña también a las familias en estos primeros momentos, ayudándoles a comunicarse con sus bebés y a mantener el vínculo emocional, incluso en contextos hospitalarios hostiles.

Primera infancia: lenguaje, apego y desarrollo

En los primeros años de vida, el desarrollo del lenguaje es un marcador clave del neurodesarrollo. Las alteraciones en la adquisición del lenguaje oral y/o escrito pueden ser indicadoras de trastornos como el TDAH, los trastornos del espectro autista, los trastornos específicos del lenguaje, de la lectoescritura o del aprendizaje.

Estudios como los de Ortega et al. (2020) subrayan que una detección e intervención logopédica temprana mejora significativamente el pronóstico funcional, emocional y social del niño. Sin embargo, en la mayoría del territorio español, los logopedas siguen sin formar parte de los equipos públicos de pediatría ni de atención temprana hospitalaria.

En el entorno escolar: mucho más que rendimiento académico

Durante la etapa escolar, los problemas de comunicación afectan directamente al aprendizaje, la autoestima y la inclusión social. Dificultades en la comprensión lectora, en la expresión oral o escrita o en el uso social del lenguaje pueden condicionar de forma severa la trayectoria educativa y emocional de un niño.

Por ello, desde hace años, entidades como el Consejo General de Colegios de Logopedas (CGCL) y el Colegio Oficial de Logopedas del País Vasco (CLPV) reivindican la incorporación estable del logopeda en los centros escolares públicos. No se trata solo de atender al alumnado con necesidades específicas, sino de ofrecer una herramienta preventiva e inclusiva para toda la comunidad educativa.

En la adolescencia: identidad, expresión y salud mental

Durante la adolescencia, la comunicación se vuelve un eje crucial de la construcción de la identidad. Dificultades no tratadas en etapas anteriores pueden agravarse, afectando la expresión emocional, la participación social o incluso la salud mental. El logopeda también puede acompañar estos procesos, trabajando en habilidades conversacionales, voz, lectura, escritura o apoyo emocional vinculado a la autoimagen y la comunicación.

En el ámbito clínico: dignidad, autonomía y calidad de vida

En personas adultas y mayores con patologías neurológicas (ictus, traumatismos craneoencefálicos, ELA, Parkinson, Alzheimer...), la logopedia es clave para preservar funciones vitales como la alimentación, la comunicación o el habla.

El Institut Guttmann (2019) reconoce la intervención logopédica como esencial en la rehabilitación neurológica. En casos como la ELA, permite mantener por más tiempo la capacidad comunicativa y la seguridad al alimentarse, lo que tiene un impacto directo en la calidad de vida y la dignidad de la persona.

En enfermedades degenerativas como el Alzheimer, el trabajo del logopeda ayuda a ralentizar el deterioro del lenguaje, mantener conexiones emocionales con el entorno y favorecer la interacción social, todo ello desde una mirada centrada en la persona.

Logopedia en cuidados paliativos: cuando la palabra es lo último que queda

En contextos de final de vida, el logopeda acompaña para preservar la comunicación significativa en sus múltiples formas: una palabra, un gesto, una mirada, una elección. También colabora para mantener la capacidad de alimentarse, adaptando texturas y formas de ingesta para garantizar el confort y la autonomía hasta donde sea posible.

Escuchar un “te quiero”, elegir si beber un sorbo de agua o simplemente poder decir adiós... son gestos profundamente humanos que la logopedia puede sostener cuando otras funciones se apagan.


Una disciplina al servicio de la vida

Etapa de la vida

Intervención logopédica

Neonatal y primera infancia

Estimulación de la comunicación, alimentación segura, desarrollo del vínculo. Trastornos del desarrollo,  parálisis cerebral, síndromes y otras enfermedades raras

Edad escolar

Prevención del fracaso escolar, inclusión, comunicación, comprensión lectora, lenguaje, deglución ,voz

Adolescencia

Voz, dificultades de aprendizaje, apoyo emocional y social.

Edad adulta

Rehabilitación tras ictus o daño cerebral adquirido , afasias, disartria, disfagia, voz , enfermedades con afectación de la comunicación, deglución, voz.

Tercera edad

Disfagia, enfermedades neurodegenerativas, intervención paliativa.


A pesar de toda esta evidencia, la logopedia sigue teniendo escasa representación en el sistema sanitario público y en los centros de atención sociosanitaria. En la práctica, muchas familias deben recurrir a servicios privados para acceder a una atención que debería estar garantizada, lo que genera desigualdad y exclusión.

La logopedia es salud, es prevención, es dignidad. Su inclusión plena en el sistema sanitario, socio sanitario y educativo  noes solo una cuestión de justicia, sino una inversión en bienestar, autonomía y sostenibilidad social.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha subrayado el papel esencial de los profesionales de la logopedia en la prevención y rehabilitación en un mundo donde el envejecimiento y las enfermedades crónicas irán en aumento.

Es por todo lo expuesto la necesidad urgente que reclamamos los profesionales de la logopedia de reconocer su valor y garantizar que todas las personas —desde el nacimiento hasta el final de la vida— tengan acceso a una atención logopédica de calidad, universal y centrada en la persona.

 

Elena Aurrecoechea Mariscal

Logopeda colegiada 480039

 

El papel del logopeda tras un ictus; Evaluación, intervención y recuperación funcional desde la evidencia científica .

    El ictus y sus consecuencias en la comunicación y la deglución. El ictus puede producir alteraciones que afectan de forma signific...